domingo, 2 de septiembre de 2012

Nos mataremos por el agua

Senda por el río Dobra (Asturias) hacia la Olla de San Vicente.
No sé si nos mataremos, porque es posible que la pertinaz sequía nos vaya dando alguna tregua, pero lo que sí es seguro que, las generaciones del futuro, se matarán por el agua, a menos que tengan la habilidad de encontrar un medio asequible de desalinización marina.
Yo ya lo viví este verano en mi pequeño universo. En una comunidad de menos de veinte usuarios, la escasez de agua nos convierte en policías y espías del consumo ajeno.
no nos podemos imaginar un mundo sin agua, pero es posible. Sólo tenemos que mirar un poco de reojo a países de África, o a provincias españolas en las que ya es un bien más que preciado.
Yo sé lo que es administrar un caldero de agua, pero mucha gente no tiene ni idea de dónde nos viene el líquido que sale del grifo a raudales y también desconoce que es un bien escaso, a pesar de que fluya en abundancia por los caudales fluviales.
Este verano acompañé al río Dobra (Asturias) en un paseo muy agradable hasta la olla de San Vicente, un lugar único y digno de ver, aunque muchos de los que se acercan a ese santuario natural son  verdaderos herejes y contaminadores. Parece increíble que alguien se atreva a dejar rastros de basura en un sitio que les tuvo que fascinar, pero así es. Y no reproduzco aquí los basureros pirata porque no quiero contaminar ésta pagina, ilustrada con una imagen del cauce cristalino del Dobra.
El Estado es el dueño del agua, acotada en las Confederaciones Hidrográficas, pero como ya sabemos cómo es el Estado, que mete el agua en un cesto y se le va toda, tendremos que ser los ciudadanos, o la ciudadanía, como les gusta llamarnos a los políticos, los que administremos ese bien tan escaso, del que depende nuestra supervivencia.


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