martes, 17 de diciembre de 2019

Una aldeana por el mundo

Isolina Cueli
Con este título tan llamativo, Una aldeana por el mundo, participé el pasado fin de semana en la I Jornada de Igualdad del Parque Natural de Redes, organizada por los ayuntamientos de Caso y Sobrescobio e impulsada por sus concejalas de Servicios Sociales e Igualdad, Pilar Ruiz y Berta Suárez respectivamente.
Me precedió en el uso de la palabra Emma González, profesora de la Universidad de Oviedo, quien nos contó que "los chicos también lloran" y que la sociedad patriarcal en la que vivimos es muy exigente con el sexo masculino.
Centro de Interpretación Parque de Redes (Caso).
Para quitar hierro al tema de la igualdad, el maltrato a las mujeres y la ansiedad que supone en la sociedad actual ser hombre y no morirse en el intento, a los vecinos y vecinas de Casu y Sobrescobio que tuvieron la amabilidad de asistir les conté mi vida por el mundo, al más puro estilo Paco Martínez Soria. Con un poco de humor traté de recordar lo duro que fue, en el Oviedo de la tontería, ser una niña paleta, un apelativo más denigrante que el de aldeana. Afortunadamente, las tontas se bajaron de la parra, o las bajó la cruda realidad, mientras, yo puedo alardear de mis orígenes aldeanos y campesinos. Criarse en el medio rural es una Universidad de la Vida y para la vida, que tiene múltiples aplicaciones. La pena es que los niños de ahora ya son casi todos urbanitas. Pocos saben andar por el barro.
Aproveché para sugerir a las concejalas que le pidan a la Real Academia Española que revise la definición de la palabra aldeano. En la acepción figurativa se refiere a persona inculta y rústica. Y aldeanismo lo describe como "estrechez y tosquedad de espíritu o de costumbres, propia de una sociedad reducida y aislada".
Por mi parte, aproveché para recordar la definición de Aldea Global desarrollada por el filósofo canadiense Marshall Mcluhan (1911-1980), que ya en los años setenta consideraba a la Tierra como un pueblo grande, sólo por el hecho de tener muy desarrollados los medios de comunicación tradicionales. Cincuenta años después, con las redes sociales y todas las nuevas tecnologías, ya no somos aldea, la Tierra es un patio de vecindad, y pequeño. Este concepto lo nombró nuestro filósofo Juan Cueto (1942-2019) con la palabra: glocal, que aglutina lo global y lo local.
Y yo, que soy de Priesca, no tengo nada más que añadir, salvo decirle a la RAE que no sea corta de miras ni inculta y dignifique la definición de aldeano-aldeana y, por supuesto, la de aldeanismo.
Los de pueblo sabemos que no hay nada más aldeano, en el sentido de inculto, que un urbanita caminando por una caleya.

jueves, 13 de diciembre de 2018

García Laviana: 40 años sin el misionero y guerrillero asturiano


Isolina Cueli
Amigos y amigas de la Asociación Asturiana Gaspar García Laviana, señoras y señores,
Muchas gracias por contar conmigo para este acto en homenaje y recuerdo al misionero y guerrillero asturiano Gaspar García Laviana con motivo del cuadragésimo aniversario de su muerte.
Hace veinte años, por estas fechas, yo estaba en Nicaragua, enviada por La Voz de Asturias, que dirigía Faustino F. Álvarez,

para hacer un reportaje, coincidiendo con el vigésimo aniversario de la muerte de Gaspar. Tengo que decir, antes de nada, que hasta ese momento, desconocía la historia de García Laviana. Llegué a él gracias a José Manuel Bárcena, un cura de Infiesto, radicado en Gijón, que muchos de ustedes conocerán y que fue un sandinista y guerrillero en la retaguardia sin salir de Gijón, una posición muy importante y poco agradecida, por aquello de estar en segundo plano, que no todo el mundo sabe ocupar. Bárcena la ejercía con naturalidad y en Nicaragua aún se acuerdan de él, aunque no sepan su nombre, como pude comprobar éste verano, cuando conocí al cardiólogo nicaragüense Daniel Rivas Bravo. Me hablaba con admiración de un padre asturiano que les había ayudado mucho. Después de varias conjeturas, averigüé que el padre era Bárcena.
Ya sé que no estamos aquí para hablar de Bárcena, pero si no hubiese sido por él, yo no estaría hoy en este acto. Su mensaje de dar voz a los sin voz tenía mucho calado y como periodista, procuré colaborar en ésa causa las veces que me lo pidió. Hoy casi todo el mundo tiene un altavoz en su bolsillo en forma de teléfono móvil, con acceso a las redes sociales. Pero hasta principios del siglo XXI eso era distinto. Salir en el periódico, en la radio o la televisión era cosa de unos pocos. Bárcena lo sabía y por eso intentó tener su periódico, aunque no le salió bien.
Como curas, Bárcena y Gaspar eran privilegiados porque podían utilizar el púlpito. Para un misionero el púlpito suponía un medio de difusión muy importante, pero Gaspar intuía que las palabras no eran suficientes ni convincentess y que los mensajes bíblicos se quedaban cojos y cortos sin hechos que les acompañasen. Hechos en forma de escuelas, maestros, medicinas, tierras. Y en un momento dado de impotencia optó por la revolución. Así lo cuenta en muchos de sus poemas dedicados a los campesinos:
"Sentí en mi carne tu pobreza como un látigo de fuego.
Quise apagar tu pobreza con justicia legalista;
al no poder, me convertí en guerrillero.
Campesino, abrasaste mis entrañas
como lava derretida en el seno de la tierra.
Quiero consumir el mundo
con los versos encendidos que me inspira tu pobreza".
Lo que sigue en su periplo vital, lo saben ustedes mejor que yo.
De todas formas, quiero recordar las palabras que le dedica Sergio Ramírez en su libro "Adiós muchachos":
"El ejemplo de compromiso armado de un cura con la revolución sandinista lo dio Gaspar García Laviana, misionero de la orden del Sagrado Corazón y párroco del pequeño pueblo de Tola, muerto en combate en el Frente Sur en 1978. Gaspar, un asturiano con vigor de minero, nacido en San Martín del Rey Aurelio en 1941, tenía las crenchas entrecanas y las cejas pobladas, y una barba rebelde que a pesar de la cuchilla siempre le estaba creciendo otra vez. Poeta, además, y capaz de los juramentos más irreverentes.
En alguna de las oficinas del búnker de Somoza encontramos a la hora del triunfo las fotografías a colores de su cadáver tirado sobre la hierba. Tomadas de diferentes ángulos, lo muestran vestido de verde olivo, la pañoleta rojinegra al cuello, toda la mitad del rostro un enorme boquete abierto por la bala de alto calibre; y volví a ver esas fotos hace poco, con la misma zozobra, cuando me pidieron cosas suyas para una exposición en su honor en Gijón, con motivo de la Semana Negra.
Gaspar, a quien llamábamos El Buda, apareció en San José a finales de 1977. Se había despedido ya de los feligreses de su parroquia, y esa Navidad iba a dirigir una carta pública explicando su entrega a la lucha armada, que Humberto Ortega me pidió preparar. Yo me esmeré en escribirla en un lenguaje evangélico, porque tenía que sonar como la carta de un verdadero cura. Se la leí, sentados los dos en un catre del refugio de Humberto, y se quedó callado, con la cabeza hundida entre las manos; luego se sacó tímidamente de la bolsa unas hojas apretadamente escritas; vaciló, y las volvió a guardar:
No es nada importante —dijo al fin—. Yo había escrito otra. Yo también soy escritor.
Azorado, le pedí que nos olvidáramos de mi proyecto de carta, era el suyo el que importaba, pero él se negó de manera rotunda. Y se publicó la mía. Pero él era escritor, un poeta".
Creo que esta escena, que tuvo que ser brutal, fue una primera lección de humildad por parte del Gaspar guerrillero.
El texto de Ramírez continúa diciendo que: "Gaspar fue un símbolo para decenas de sacerdotes, misioneros, religiosas, diáconos y delegados de la palabra que predicaron la revolución, trabajaron en apoyo de los guerrilleros sandinistas en los barrios y en las áreas rurales, transportaron armas, aseguraron refugios clandestinos y fueron a veces combatientes ellos mismos. Un símbolo que se amplió a miles de laicos, católicos y evangélicos, ansiosos a la hora del triunfo de trabajar por el advenimiento de una nueva sociedad y de un hombre nuevo, en una lectura de la historia que hacían juntos cristianos y marxistas".
Y esto que describe muy bien Ramírez no es otra cosa que la Teología de la Liberación, inventada en América Latina y llevada a la práctica al pie de la letra, en este caso, en Nicaragua.
Y aquí me gustaría acordarme de varios misioneros de la época, que no se echaron al monte, pero que también trabajaron y dieron lo mejor de su vida por Nicaragua. Me refiero al dominico de Aller, José Álvarez Lobo, Chepe Lobo, en Chinandega; el también dominico leonés Gregorio Barreales, director de la Escuela de Agricultura de Rivas, un puesto de vital importancia para el desarrollo del país. Se trata de un centro de formación en el que se formaron y se siguen formando muchos jóvenes que apuestan por el campo. El asturiano de Priesca, en Villaviciosa, Ángel Torrellas, que puso su saber como músico a disposición de varias generaciones. Me reservo para el final el trabajo del claretiano, también de Villaviciosa, Mino Cerezo Barredo, autor de la portada del libro editado este año por el Foro Gaspar García Laviana y autor, en ése mismo libro, de un artículo que titula: En la Revolución de Nicaragua. Mino, que había ido a Managua como misionero, convocado por su compañero de orden, Teófilo Cabestrero, para apoyar a los cristianos que participaron en la revolución, acabó poniendo en marcha, a instancias del Gobierno Revolucionario, el Departamento de Diseño de la Editorial Nueva Nicaragua, un instrumento clave para divulgar la propaganda del poder recién establecido.
Hay otro asturiano que también contribuyó al primer éxito de la causa sandinista y que hoy se siente defraudado, me refiero al periodista Zoilo Gutiérrez Martínez de la Vega, natural de Turón, en Mieres, y fundador de Acan, Agencia Centroamericana de Noticias, vinculada a la Agencia Efe. Con la perspectiva que le dan los cuarenta años transcurridos, para Zoilo Gutiérrez la de Gaspar fue una muerte inútil. Pero en su momento, no dudó en poner su grano de arena a través de Acan. Este medio de comunicación puso en el mapa de la información a América Central y como tal, fue muy importante para el movimiento sandinista y muy perjudicial para el dictador Somoza, que llegó a decir que a él no lo habían derrotado los sandinistas, sino Acan.
Cuando se escuchan noticias sobre la situación política y social de la Nicaragua de hoy muchas personas se preguntan y me preguntan, qué pensaría Gaspar de la deriva que tomó el sandinismo. Yo no puedo contestar esa pregunta. Es difícil saber la evolución de Gaspar en cuatro décadas, así que la dejo a elección de cada uno de ustedes.
Por mucho que yo diga aquí, por mucho que denuncie, sé que no voy a arreglar nada en Nicaragua, así que permitanme que pase por alto la situación política actual. No porque no tenga opinión, sino porque no quiero polemizar. Me consta que hay distintas opiniones y distintas formas de interpretar la realidad y las respeto.
Me preguntaba Javiera hace unos días cómo podíamos incorporar el mensaje de Gaspar a la realidad de cada uno de nosotros, hombres y mujeres. Y se me vinieron a la cabeza dos puntos débiles de Gaspar que están de plena actualidad: la defensa a ultranza de las mujeres, aquellas que sufrían violencia dentro del matrimonio y las niñas y jóvenes obligadas a prostituirse por la Guardia de Somoza. Mujeres y hombres podemos seguir hoy ese ejemplo, tanto para prevenir, como para denunciar casos de abuso y maltrato.
El otro punto débil de Gaspar era la defensa de los campesinos y de la naturaleza, hoy sería la defensa del medio ambiente, que no es otra cosa que la defensa de nuestra civilización. Somos tan torpes que nos vamos a fagocitar nosotros mismos. No vemos límites, no hay setu que nos torne en destrucción y consumismo atolondrado.
En este sentido, sí me aventuro a decir que si Gaspar viviese hoy, con 78 años y en plenas facultades mentales, estaría clamando por la defensa del medio ambiente y si estuviese en Nicaragua sería un firme opositor a la construcción del canal interoceánico que destrozaría el lago Cocibolca, "el lago más bello del mundo", como dijo en más de una ocasión, según lo cuenta Ernesto Cardenal en su libro "La revolución perdida", en el que describe al misionero-guerrillero asturiano como "hombre de oración y a la vez hombre de armas", una postura que puede resultar chocante, pero que fue su opción y no podemos menos que respetarla, aunque no se comparta.
Como defensor, que fue, de los campesinos, de los marginados, -su lema era: primero la dignidad humana, después el compromiso cristiano- Gaspar estaría luchando codo a codo con Francisca Ramírez, la líder campesina nacida en Nueva Guinea en 1977 –un año antes de la muerte de Gaspar- y que coordina el Consejo para la defensa de la tierra, el lago y la soberanía. Francisca está hoy exiliada en Costa Rica, tras recibir amenazas por oponerse al canal que levantaría una empresa china. Una obra que destruiría parte del río San Juan y el lago Cocibolca, de 8.000 kilómetros cuadrados. Asturias tiene 10.000 kilómetros cuadrados, así que es fácil hacerse a la idea de las dimensiones de esta reserva de agua dulce, de gran importancia para Nicaragua y su entorno. A Francisca Ramírez y su familia, oponerse a la iniciativa de los Ortega, les costó el exilio, pero gracias a su tesón, éste desastre ecológico, ha sido descartado. De momento!.
En honor a los actuales dirigentes y defensores del canal, hay que decir que no es la primera vez que se intenta el proyecto por tierras de Nicaragua, pero afortunadamente, el sentido común se impone a las fantasías faraónicas.
El agua ya es un bien escaso y lo será cada vez más. Nicaragua tiene la suerte de tener el lago Cocibolca, la mar dulce, como se le llama también, en el que está la isla de Ometepe, a la que llega ayuda de cooperación desde Asturias, a través de organizaciones como Arco Iris.
Digo que Gaspar sería hoy un defensor de la naturaleza, pero si estuviese en Nicaragua lo sería por partida doble, porque el desastre del lago afectaría muy de cerca a sus parroquias, en el área de Rivas y San Juan del Sur. Y como defensor de la naturaleza se opondría a la destrucción del sustento de los campesinos y por extensión de todo el país. Un país que tiene una agricultura solvente no puede pasar hambre. Y un país que tiene una naturaleza exhuberante como Nicaragua y una ubicación estratégica entre el Caribe y el Pacífico, también puede ser un reclamo turístico, como ya lo está siendo, o también se pueden buscar otras vías de desarrollo en armonía con la naturaleza, como se puede ver en Costa Rica, su vecino del Sur. Una de las primeras cosas que hizo Gaspar al llegar a la misión en Nicaragua fue integrarse en la Pastoral Rural que ya funcionaba en el país, y en la que ya había misoneros asturianos, como el dominico José Álvarez Lobo, chepe Lobo, que trabajaba en Chinandega.
Me resulta chocante que líderes de izquierda que reniegan de la política liberal de los Estados Unidos no le pongan ni un pero a la iniciativa china, que ejerce un capitalismo tan agresivo como el yanky. Lo pude comprobar en Bolivia, en el año 2016 y en Etiopía y Malawi en 2017. En América siguen renegando del imperialismo español y no hacen ascos al imperio chino del siglo XXI.
En el caso de Nicaragua, los actuales gobernantes aprobaron un ley que da carta blanca a los chinos para hacer el canal interoceánico, más una autopista paralela y urbanizaciones en ambas márgenes, más dos puertos deportivos en las cabeceras. Todo esto que puede parecer muy goloso y que se vende como un activo de puestos de trabajo, es pan para hoy y mucha hambre y sed para mañana, porque la intervención en el lago alteraría el ecosistema y las reservas de agua, tanto para la agricultura, como para consumo humano.
Me consta que la Asociación Asturiana Gaspar García Laviana consigue financiación para proyectos de Cooperación en Nicaragua. En un país como Nicaragua con un clima muy propicio para la agricultura y la ganadería, es importante asesorarles con métodos de almacenamiento del agua. El sol lo tienen garantizado. La clave está en que tengan agua para riego todo el año y eso se puede conseguir con balsas u otros sistemas de almacenaje, como vemos por el Sur de España. En un país con sol y agua no puede o no debe haber miseria.
Hace veinte años le hice una entrevista a Edén Pastora, el Comandante Cero, que va y viene al sandinismo de manera cíclica. En ésa época estaba alejado de la causa.
Ante la pregunta ¿Qué necesita Nicaragua para salir adelante? Me contestó: "Si yo fuera presidente me volcaría en el campo. Invertiría muy fuerte en hacer producir lo único que tenemos: la tierra. Hay que meter dinero en el campo. Somos un país eminentemente agrícola. Si el campesino produce y tiene dinero se moverá todo el país, el comercio, la industria, etc. Pero si se fomenta la miseria del campo nunca saldremos de la miseria. Gaspar y mucha más gente dieron su vida por ayudar a los campesinos a salir de la miseria a la que les tenía condenados Somoza. Ese ideal aún no se consiguió".
Estas declaraciones son de hace 20 años y creo que a día de hoy tampoco se consiguió el ideal de Gaspar.
Cuanto más viajo y más lugares conozco en países menos desarrollados que nosotros, compruebo que la miseria de unos es muy rentable para otros y por eso no interesa que abandonen esa franja de necesidades y penurias.
Y las guerras y las revoluciones también son muy rentables para algunos, mientras otros se dejan la vida. Hace años, hablaba con Cayo Rodríguez Ponga, un langreano nacido en 1912 que se murió con 102 años, sobre una conocida familia de Gijón. Cayo me decía, ésa es una fortuna de la Primera Guerra mundial. Me quedé atónita al escuchar esas palabras tan crudas, pero las decía un hombre casi centenario que lo había visto y sufrido casi todo. Y sí, mientras se mueren miles o millones de Gaspar, fieles a unos ideales, se enriquecen cuatro que no tienen escrúpulos a la hora de pasar por alto o pisotear la esencia de esos ideales.
El ex jesuita bilbaino José Antonio San Ginés, "Goyo" en la guerrilla, que conoció de cerca a Gaspar, me decía hace 20 años, en el reportaje que hice en Nicaragua, que "morir por una causa idealista merece la pena, otra cosa es que cuatro jodidos se hayan enriquecido por ello".
Para terminar, quiero rendir aquí un homenaje a Gaspar y a todos los Gaspar del mundo, no sólo a los de Nicaragua. A todos los que se jugaron la vida por una causa noble, por un ideal que se suponía mejoraría la vida de mucha gente humilde.
Mucho mejor que yo lo expresa Sergio Ramírez en su libro "Adiós muchachos" en el que dice, refiriéndose a los guerrilleros que llegaron al poder en Nicaragua: "la obligación de los vivos era ajustar su conducta a la de los muertos, recordar que estábamos en el poder porque ellos se habían sacrificado, porque habían asumido la muerte como una tarea. Había que recordarlo siempre, como lo escribió Ernesto Cardenal en un poema".
Ése poema de Ernesto Cardenal al que se refiere Sergio Ramírez, dice:
Cuando te aplauden al subir a la tribuna,
pensá en los que murieron.
Cuando te llegan a encontrar al aeropuerto
en la gran ciudad,
pensá en los que murieron.
Cuando te toca a vos el micrófono, te enfoca la televisión,
pensá en los que murieron.
Mirálos sin camisa, arrastrados,
echando sangre, con capucha, reventados,
refundidos en las pilas, con la picana, el ojo sacado,
degollados, acribillados,
botados al borde de la carretera,
en hoyos que ellos cavaron,
en fosas comunes,
o simplemente sobre la tierra, abono de plantas
de monte:
Vos los representás a ellos,
ellos delegaron en vos,
los que murieron.
Gracias y buen camino a todas y todos!




martes, 30 de octubre de 2018

Mino Cerezo, pintor de la liberación


Á. Valle, Mino Cerezo, I. Cueli, A. Vega y de pie, E. Bustio. 
El 27 de octubre tuvo lugar la presentación del Cuaderno número 29 de Cubera, dedicado al misionero y muralista Mino Cerezo Barredo, en el que colaboré de forma activa, haciéndome cargo del texto biográfico.
A continuación reproduzco las palabras que pronuncié en el acto, celebrado en el Teatro Riera de Villaviciosa.

Señor alcalde, Mino, presidente de Cubera, autoridades, señoras y señores, amigos y amigas.
Muchas gracias por arroparnos en este acto. Cubera da un paso más para visibilizar a Mino Cerezo en la Villa, donde nació hace 86 años, aunque no los aparente.
Tengo que confesar que hasta hace dos años desconocía la existencia de Mino Cerezo, incluso de su hermano Gonzalo Cerezo, más popular en la villa.
En el otoño de 2016, tuve la primera noticia de Maximino Cerezo Barredo. Mi amiga Ana Gaitero, periodista del Diario de León, le hizo una entrevista con motivo de la inauguración del retablo que acababa de realizar para la parroquia de San Antonio de Padua, atendiendo al encargo del párroco, el salesiano Juanjo Ruiz, presente en este acto y al que agradezco el esfuerzo por venir desde León.
En ésa entrevista Mino dijo que era de Villaviciosa y a Ana le faltó tiempo para enviarme el texto.
A partir de ahí se fueron dando situaciones curiosas: que yo se lo haya comentado a Etelvino González, en ése momento presidente de Cubera, quien rápidamente dijo que un autor internacional y desconocido en la Villa, bien merecía que se le prestara atención. Y aquí estamos, con Mino en el barrio de El Ancho, donde nació y al lado del colegio de San Francisco y de las monjas vedrunas como él las llama, donde cursó sus primeros estudios. Tampoco está lejos la iglesia parroquial, en la que permanece el impresionante mural de Paulino Vicente. Una anunciación en tonos azules que Mino Cerezo vio pintar y que quedaría impresa en su retina para toda la vida. Y según sus propias palabras, aquel Paulino Vicente, pintor subido al andamio, tuvo mucho que ver en su posterior vocación pictórica.
El trabajo realizado en el cuaderno número 29 de Cubera, y que hoy ve la luz, es sólo una aproximación a la obra de Mino Cerezo Barredo. Necesitaríamos muchos más cuadernos para recoger todo su quehacer como pintor y muralista. Aquí mostramos 170 imágenes de murales, cuadros e ilustraciones de Mino, pero hay miles, repartidos por diecisiete países. No obstante, creo que puede servir como acercamiento a su obra.
Vega entrega  a Mino una reproducción del cartel de Reyes.
Sus murales han sido objeto de estudios y publicaciones en diferentes formatos. Sus dibujos e ilustraciones se reeditan y se copian en todas las versiones imaginables, desde una estampa, a la pancarta que encabeza una manifestación reivindicativa. Es un campo inabarcable si se quiere hacer de una vez, por eso nuestra intención es hacer visible a Mino en la Villa y después cada cual puede profundizar para llegar al pintor muralista, al teólogo de la liberación, que nos deja una importante crónica de la realidad que le tocó vivir y al Mino de cercanía, al que le encanta hablar en bable y rememorar su infancia, cuando jugaba por El Ancho.
Desde los años noventa tengo pendiente un recorrido por el periplo vital de San Melchor de Quirós en Vietnam. Ahora añado otro reto: conocer in situ los murales de Mino Cerezo. Es una forma de viajar muy distinta, un pretexto insólito, que me llevaría a América del Sur y América Central a conocer los países, paisajes y paisanajes a los que Mino entregó gran parte de su vida activa. Muchos de esos países, por los que Mino sufrió y sufre, como Nicaragua, Brasil, Argentina,Venezuela, Bolivia, Colombia o Guatemala tienen hoy problemas domésticos, según nos cuentan en las noticias, bueno, problemas domésticos e internacionales, como es el caso de la caravana del Hambre, que afecta a varios países. La verdad es que este nombre de la caravana me chirría, pero espero que nadie pronuncie en vano la palabra HAMBRE. Vamos a ser optimistas y apostar, una vez más, para que siga germinando la semilla que sembraron todos los teólogos de la liberación y los misioneros de buena fe, hombres y mujeres que entregaron su vida a enseñar al que no sabe y aquí entra enseñar a cultivar los campos para tener más comida, enseñar a leer y escribir para que no les engañen o enseñar normas elementales de higiene para prevenir enfermedades. Lo de la religión, por lo general, viene después. Y espero que con el tiempo lleguen otras cosas, acordes con los tiempos.
Mino realizaba casi todas las enseñanzas a través de la pintura y hacía buena la frase de que una imagen vale más que mil palabras, especialmente si los destinatarios son analfabetos, como era el caso de muchas de las personas que vivían en las comunidades en las que trabajó.
Todos sabemos que a los misioneros y misioneras les salió en las últimas décadas una competencia sana, la de la Cooperación Internacional y las ONGs, y a pesar de todos esos esfuerzos personales y económicos por parte de los países más desarrollados, seguimos pidiendo para combatir el hambre, como cuando yo iba a la escuela de Priesca. Y me paro aquí, que no es el momento ni el lugar para arreglar el mundo!
Aunque, al hilo de este comentario, sí me gustaría recordar que en 2018 se cumplen cuarenta años de la muerte en Nicaragua del misionero asturiano Gaspar García Laviana. Según sus palabras, la impotencia lo llevó a empuñar las armas y echarse al monte con los revolucionarios sandinistas. Sabiendo lo que sabemos hoy, no sé si mereció la pena su muerte.
Por esas mismas fechas, Mino también estaba en América y sus armas eran los pinceles y las brochas; las imprentas y las multicopistas. Aunque en más de una ocasión también pasó a la acción y encabezó reivindicaciones de los campesinos brasileños o peruanos.
Y si sus pinturas y dibujos sirvieron para ayudar a la gente en América, en estos últimos meses, mientras preparaba el texto del Cuaderno de Cubera pude descubrir que Mino sigue tocando el corazón de las personas, incluso, a este lado del Atlántico, y su mensaje está vivo. Un mensaje que se resume en aplicar las bienaventuranzas del evangelio, aquello de dar de comer al hambriento, de beber al sediento, posada al peregrino, etc. Y para eso no hace falta ser creyente, ni ser practicante de ninguna religión, sólo hace falta ser buenas personas.
El impacto en los corazones de quienes se acercan a su pintura lo pude comprobar el pasado mes de mayo en el albergue de peregrinos de Güemes, en Cantabria. En el año 2012 Mino pintó un mural en la Ermita Ecuménica de Güemes. Sí, tenía 80 años, y estaba subido en el andamio. Desde entonces, Mino está presenta de forma continua en ese espacio mágico. Cada día se comentan sus pinturas con los peregrinos (este año pasaron por allí 12.000) y hay reacciones tan distintas como personas interactúan con la obra.
 Cerezo con J. Ruiz y sus colaboradoras de Asturias
Aprovecho para dar las gracias a la delegación de Güemes, integrada por treinta personas, que se desplazaron a la Villa para asistir a este acto. Reitero las gracias al sacerdote salesiano Juanjo Ruiz  y a su equipo de colaboradoras asturianas:  Marga Domínguez, Berta Gómez, Miryan Ortega, Emma Ortega, Josefina Arbesú y Carmen Arbesú (foto superior). Por supuesto, muchas gracias también a todos los demás presentes por vuestra respuesta a nuestra convocatoria.
Gracias al ayuntamiento de Villaviciosa en la persona del señor alcalde, Don Alejandro Vega, que amplía la edición de Cubera con el monográfico sobre Mino Cerezo, y permite dar mayor difusión a la obra.
Me encantaría que Cubera pudiese liberar esta publicación, dedicada exclusivamente a sus socios, y la dejara en abierto, a disposición de todas las personas interesadas, de la misma forma que está la obra de Mino Cerezo.
A mí, que soy partidaria de hacer los homenajes en vivo y en directo, me encanta poder participar en este reconocimiento público a Cerezo Barredo, que como pintor nos enseña a mirar un poco más allá de la realidad, más allá de nuestras narices.
Gracias a Cubera, en un primer momento Etelvino González, como presidente, y ahora Ángel Valle, por darme la oportunidad de participar en el Cuaderno y gracias a Mino por su colaboración y su paciencia para responder a mis preguntas y dudas.
Y como ye uno de los nuestros, me alegro de sus éxitos y, por supuesto, como peregrino de la vida, como dirían en Güemes, le deseo Buen Camino de la Vida, al igual que a todos ustedes. 
Buen Camino!





miércoles, 6 de diciembre de 2017

Manzana asgaya

Isolina Cueli
Asgaya es una palabra bable que nos indica la gran cantidad de manzana que hubo este año, gracias a las buenas condiciones del clima.
Y lo que tendría que ser motivo de júbilo se convierte en pesadilla para muchos cosecheros de manzana que se ponen nerviosos porque creen que no van a poder vender tantos kilos, una cantinela que se repite desde hace muchos años por falta de profesionalidad en el sector. El ejemplo más claro es el de la vecería o alternancia en la producción. Este año hay mucha manzana y al siguiente menos de la mitad. En el año 87 entrevisté en Siero a Claudio García, que había eliminado la vecería en su pomarada gracias a una buena poda anual, al constante abonado, además de un tratamiento con aminoácidos de síntesis en el terreno. La solución está al alcance de todos, pero requiere trabajo e inversiones y eso ya es más difícil de aplicar por el sistema endémico del cultivo de la manzana en Asturias, donde se deja a los árboles a su aire.
Siempre defendí a la gente del campo, pero en el caso de la manzana y la sidra, creo que tan de campo es quien cosecha la manzana, como quien la transforma. Ambos se complementan. Y así lo pude comprobar en el Concurso Exposición de Manzana que se celebró en Villaviciosa este año. No hace falta agudizar mucho la vista para comprobar cómo los lagareros y las empresas están haciendo sus propias pomaradas, dando ejemplo de profesionalidad y ganando premios por su buen hacer. Así, van marcando la senda por la que tiene que avanzar la manera de cosechar manzanas. Y al igual que las bodegas de vino están en medio de un viñedo, cada día es más fácil ver las pomaradas que se extienden alrededor de las naves de la industria transformadora. Está claro que los lagares y las fábricas nunca van a ser auto suficientes, pero lo intentan y me parece muy bien.
Hace treinta años ya se apostaba por la puesta en marcha de contratos entre lagareros y cosecheros como los que existían en el País Vasco. Es una buena solución para ambas partes, un ten con ten difícil de aplicar en Asturias, mientras no se controle la vecería.
Y la vecería sólo la puede cambiar el dueño de la pomarada. En las movilizaciones de las últimas semanas se pedía auxilio a los políticos para que solucionen el problema y los políticos sólo saben crear organismos y burocracia. Hasta el momento, fueron incapaces de hacer una buena campaña formativa e informativa para acabar con la vecería. Ahora les dio por fomentar la manzana de sidra y se abandonó por completo la manzana de mesa, en la que Asturias fue pionera. Sólo tenemos que ir a una frutería, más grande o más pequeña, y el panorama es desolador. Podemos elegir entre manzana francesa, italiana, catalana, pero apenas se ve una caja de manzana asturiana, y eso que estamos en plena temporada. Teníamos una manzana única por su sabor y presentación: la de mingán. Podíamos exportar asgaya de manzana de mingán o de reineta canadá y sacarle un buen valor añadido, pero nos conformamos con ver el brillo y los colorinos de las que nos llegan de fuera que, encima, no saben a nada.
Es posible que el siguiente problema venga por los jornales del campo. En el Sur ya se dio la voz de alarma por la falta de mano de obra recolectora -el año pasado quedaron 200.000 kilos de albaricoque sin recoger- a pesar de que es más cómodo quitar la fruta del árbol, que pañarla en el suelo, como pasa con las manzanas de sidra. Parece que los españoles no estamos por la labor de doblar el espinazo. En Asturias, los inmigrantes ya dominan claramente dos apartados relacionados con el sector de la manzana: en el campo participan en la recolección de forma masiva y en los concursos de escanciadores, son los líderes del podium. El reciente campeón de Asturias de escanciadores se llama Salvadór Ondó. Es de Guinea Ecuatorial y trabaja en la sidrería El Mallu, de Gijón.
Preparativos de un contingente de manzana para enviar a el País Vasco.
Un año más, la cosecha salió adelante. Hay que reconocer el esfuerzo de las fábricas y los llagares asturianos para atender tanta oferta. Muchos excedentes también se fueron para el País Vasco y más allá. Estamos en un mundo global, o glocal, como diría Juan Cueto, y, para muestra, basta una pumarada.
¡Buen camino!

martes, 14 de noviembre de 2017

Utopía

Isolina Cueli
Ernesto y Marisa, peregrina de La Gomera.
En el Camino de la Vida, y como peregrina del Camino de Santiago, me encontré estos días en Cantabria con un utópico del siglo XXI. Se llama Ernesto Bustio (Güemes, 1937) sacerdote obrero y trotamundos. A pesar de los años y los desengaños, sigue creyendo con fe ciega en la bondad infinita del ser humano. Y lo pone en práctica a diario en Güemes, en el albergue de peregrinos La cabaña del abuelo Peuto, homenaje a su abuelo Perfecto, campesino que puso los cimientos del edificio sobre el que se asienta el alojamiento para peregrinos del Camino de Santiago y para los demás peregrinos del Camino de la Vida y de la Amistad. Lo insólito de la iniciativa del cura Ernesto, de padre villaviciosino, es que en su hospedaje te facilitan alojamiento -con ducha de agua caliente incluída- y manutención, pero no existen tarifas. Cada usuario deposita el dinero que considera oportuno en una caja, de forma anónima. Y lo curioso, también, es que hay gente que se va sin dejar nada. Pero este comportamiento no logra alterar la fe del cura Ernesto, que mantiene su tesis de que la tacañería, o la cara dura de unos, se compensa con la generosidad y el altruismo de otros.
En este caso, no podemos pensar en la picaresca española para escaquearse a la hora de sacar la cartera, porque los extranjeros son mayoría entre los peregrinos. Y, como no está bien que paguen justos por pecadores, el cura Ernesto se resiste a poner precio a su trabajo y el de los colaboradores y voluntarios. Quiere que sean otros los que le den el valor al servicio que reciben.
Después de recorrer medio mundo en un coche todoterreno, conocer humanos de muchas razas y de curtirse en múltiples oficios, el cura Bustio da un voto de confianza y tiende su mano amiga a la humanidad doliente, convencido que para llegar a la utopía, sólo está el Camino de la Amistad.
Utopía es el título del libro publicado en 1516 por Tomás Moro (1478-1535). En aquel texto, el autor británico explicaba cómo sería el Estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía, en la que no existía la propiedad privada y se promovía la igualdad entre sus habitantes masculinos, que también podían elegir a sus dirigentes. Una república con sanidad gratuita, divorcio, libertad religiosa y eutanasia. Algunos de estos postulados, como el divorcio o la sanidad universal, utópicos para su tiempo, se fueron ejecutando con el correr de los siglos. Otros, como el comunismo, fracasaron, y los menos, como la eutanasia, siguen siendo utopía en muchas sociedades. En el libro de Tomás Moro había olvidos sonoros como la igualdad de las mujeres, un derecho que también va ocupando su sitio, a pesar de que a él, un adelantado a su tiempo, ni se le hubiera pasado por la cabeza.
Moro y otros pensadores y pensadoras fueron sumando ideas y reflexiones para el progreso intelectual de la humanidad y para que la cosa pública -res publica- esté al servicio de la mayoría.
Ese compendio de sesudas teorías al servicio de la humanidad, hechas por intelectuales, pensadores y utópicos está resumido en: Bienvenido a la República Independiente de tu Casa, las ocho palabras del anuncio de Ikea que caben en un felpudo. Sería muy interesante para la cosa pública que supiéramos ser independientes de puertas para dentro -incluídos los políticos- y gobernáramos y administráramos nuestra casa y nuestro pequeño universo como nos gustaría que se gobernase el exterior. Ser independiente es practicar la responsabilidad, la educación, la solidaridad, la piedad, la austeridad, la autonomía, la libertad, la clemencia, la humildad, el perdón, la paciencia y la empatía. Cualidades que el cura Ernesto presupone que vienen de serie en la mochila vital y no calcula que hay egoístas que prefieren no pensar en el esfuerzo hecho para que el plato de la cena, la ducha caliente o el desayuno estén allí, en el albergue y a su disposición, igual, o mejor, que en su propia casa.
En nuestro mundo desarrollado, y como peregrinos de la vida, tampoco deberíamos ignorar lo que nos ofrecen la Sanidad, aunque tenga defectos; la Educación hasta la Universidad, aunque se le vean lagunas; las carreteras por las que circulamos, aunque encontremos baches y los políticos, elegidos en democracia, aunque en ocasiones intenten engañarnos. Todo es mejorable y, aunque nos parezca utópico, hasta podría ser perfecto, o peuto, como dirían en Cantabria. La clave está en seguir y perseguir la utopía, al igual que hace a diario el cura Ernesto.
¡Buen camino!

miércoles, 11 de octubre de 2017

Se les ve el plumero

Isolina Cueli

En los años sesenta se introdujo el lúpulo en Villaviciosa, en concreto en uno de los porréos, frente al ramal que desvía a la playa de Rodiles. Una finca de unas veinte hectáreas. La ornamentación de aquella plantación de lúpulo eran unos plumeros (cortaderia selloana) colocados en maceteros gigantes de hormigón. Era una planta desconocida para nosotros que no se podía tocar, pues sus hojas son repelentes y afiladas, aunque la gente sí se las apañaba para cortar la flor, el famoso plumero, para decorar el interior de las casas. A finales de los setenta, más o menos, se acabó el lúpulo y desaparecieron los plumeros.
Pasaron unos veinte años y en los noventa y principios del siglo XXI volvieron los plumeros de forma masiva. Nos llegaron por las autopistas. Los lumbreras encargados de la ornamentación de los espacios verdes de las carreteras no tuvieron mejor ocurrencia que colocar miles de plantones de plumero por todas partes, a lo largo de cientos de kilómetros, tanto en Asturias, como en las comunidades limítrofes. Aquellos miles, ahora son millones. Sería interesante saber cuánto nos gastamos en plumeros para las carreteras.
Ese dato no tendría mayor trascendencia si no nos hubiésemos encontrado con la paradoja de que al cabo de unos años, las mismas instituciones que autorizaron las plantaciones de los plumeros nos dicen hoy que es una planta invasora y que hay que arrancarla. Y en vez de ponerse manos a la obra, con pico y pala, o mejor, con pala excavadora, lo que hacen es contratar a una empresa para matar a los pobres plumeros, pero con herbicida.  En el Gobierno comunican que arrancaron 2.500 plantas y habrá dos millones. ¡No les queda nada! Por lo que vi este verano, empezaron por los tramos de autopista de Ribadesella y Llanes y las cunetas están infestadas de herbicida, con las hojas de plumero amarillas. ¡Y me dirán que es herbicida bueno! Para los particulares el uso de herbicida está casi penalizado, pero los ministerios y las consejerías de turno utilizan el herbicida en espacios públicos y por toneladas, porque para acabar con una mata de plumero hay que echar mucho veneno. A la vuelta de la primavera se verá si el método es eficaz o tendrán que repetirlo.
Plumero seco por el efecto del herbicida.
Y no sólo echan el herbicida en las carreteras. A una vecina de Selorio (Villaviciosa), que tenía una planta en su jardín desde hace muchos años, se la mataron. Sí, tenía un plumero y sólo uno, como podía tener una camelia o una hortensia, porque si salían otros nuevos, los arrancaba. Pues hace meses, entró una cuadrilla en su propiedad con la encomienda de deshacerse del plumero. Lo rociaron con herbicida y allí la dejaron, sin palabras.
Se dice que el plumero es planta invasora. Quiénes saben de plantas no se extrañan que el plumero, como la mayor parte de los vegetales, intente reproducirse, bien con sus semillas, con ayuda del viento, de insectos o de pájaros. Para que el plumero no se extienda sólo hay que hacer una limpieza al año de los espacios en los que está plantado, en este caso las carreteras, arrancando los plantones jóvenes. Pero el sistema de desbroce abarca un metro de cuneta, o mejor dicho, lo que alcanza el brazo mecánico de la desbrozadora del tractor que se encarga de ese servicio, o el brazo del operario que lleva la desbrozadora manual, con lo cual, en los otros metros de arcén, que son muchos, campan las malas hierbas a sus anchas. ¿Porqué no hay plumeros en los praos? El plumero no es ni más ni menos invasivo que el fresno; el laurel; los matorrales que se ven por todas partes; la adelfa, una planta venenosa, que no es de estas latitudes y que también plantaron en la mediana de todas nuestras autopistas, o la retama, que sustituye a nuestra cotolla y que también nos la colaron por las autopistas. No me sorprendería que se acuerden ahora que son invasoras y decidan arrancarlas.
Ya es casualidad que el plumero campe a sus anchas en los espacios públicos de las carreteras y en los polígonos industriales como el de Bobes (Siero), que también está abandonado a sus suerte. En Bobes hicieron un expolio a los vecinos, echándolos de sus tierras, en las que no había ni un plumero, para convertirlas en parcelas industriales y ahora no hay ni tierras de cultivo, ni naves. Hay plumeros.
¿Cómo es posible que a nadie se le haya ocurrido poner en las autopistas hortensias? una planta que prende de esqueje y su flor impresiona a nuestros visitantes. Supongo que no lo hacen, porque hay que podarlas.
Se les ve el plumero, y mucho, tanto a los que trajeron los primeros plantones, como a quiénes deciden ahora arrancarlos por invasores. Mientras, a nosotros, paganos de todos sus desaguisados, sólo nos queda echarnos las manos a la cabeza.
¡Buen camino!

jueves, 14 de septiembre de 2017

Pan y circo

Isolina Cueli
Las dos palabras del título no son mías. Así, unidas, las escribió en latín -panen et circenses- el poeta Juvenal hace más de 2100 años. El escritor romano denunciaba el modus operandi de los emperadores de la época, que repartían trigo gratis entre sus súbditos y también les organizaban actuaciones circenses. Según Juvenal, los mandatarios utilizaban ese tejemaneje para tener contenta a la gente, con alimento y entretenimiento y, así, ellos podían hacer lo que les diese la gana.
Pues ese pan y circo, tan antiguo como las piedras, se repite hasta la saciedad. Lo mismo da que vivamos en dictadura como la de los emperadores, o en una democracia moderna.
Aunque ahora estamos bien alimentados, está claro que nos encantan los regalos de comida. No hay más que ver cómo agradecemos ese pincho que ofrecen con la consumición en los bares o cafeterías. Nos lo envuelven tan bien, o nos dejamos engañar tan fácil, que hasta creemos que es gratis, cuando, en realidad, ya lo pagamos bien pagado con la bebida. Pero son estrategias de las empresas privadas y no tengo nada que objetar. Es más, tienen toda mi admiración por conseguir vender y mantener los negocios y ni se me ocurre compararlos con los emperadores romanos.
El título y contenido de ésta columna me lo sugieren las fiestas y festejos que se organizan a lo largo del verano en todos los concejos. Parece que los ayuntamientos compiten a ver quién da más pan y más circo. Al menos, es lo que vÍ y viví en Asturias. Es igual el color político de los gobernantes, en los programas culturales se repiten las mismas ideas y los mismos personajes, empeñados en alimentarnos el estómago y la mente, o lo que es lo mismo, en fartucarnos y atontarnos. Supongo que el objetivo será mantenernos contentos y despistados, o hipnotizados mirando a los matorrales que invaden las carreteras, las autopistas y los caminos. Está claro que para desbrozar no hay presupuesto. Parten de la base que los turistas, que también van fartucos y atontaos, ni se enteran de los bardiales que hay por todas partes. Además, algunos, que presumen de ecologistas, hasta los encuentran decorativos.
De Folixa en Folixa es el nombre de un programa de la TPA, la televisión de Asturias, y resume perfectamente la filosofía de vida del verano. De fiesta en fiesta y de fartura en fartura y, si es gratis, mucho mejor. Y en eso se esfuerzan los municipios, convertidos en agentes festivos y artísticos.
Cuántos actos y actividades nos han presentado como gratuitos. Música, teatro, cine, degustaciones, fiestas y demás familia, adornadas como gratuitas, cuando en realidad cuestan mucho dinero y lo pagamos todos. No sé cuándo vamos a aprender que nada es gratis, por mucho que nos digan que es así. Nada es gratis y la cultura y, en algunos casos, la agricultura, menos. Tuve la oportunidad de escuchar música sin pagar; de ir al cine sin pasar por taquilla; de asistir a conciertos gratis y creo que es un lujo que no nos debíamos permitir.
Y como el gratis no es gratis, sino que cuesta dinero, ya nos están anunciando una nueva subida del IBI, el Impuesto de Bienes Inmuebles, es decir que tenemos que pagar más por vivir entre cuatro paredes. No vendría mal reflexionar hasta qué punto nos interesa que nos den pan y circo gratis, a cambio de atracarnos en otoño con los impuestos del IBI, del IVA y demás porcentajes. Un ejemplo sangrante es el 26 por ciento de un servicio básico como es la luz (21% de IVA y 5% del impuesto eléctrico). Algo parecido pasa con la gasolina. En Asturias creo que seguimos con el céntimo sanitario. En su día nos subieron el combustible un céntimo para contribuir a pagar la construcción de un hospital, cuando había un complejo hospitalario en perfecto estado. La obra, que luce muy bien al exterior, se acabó hace cuatro años y algunas zonas interiores amenazan derrumbe y están apuntaladas. Mientras, y como si fuéramos ricos, los cuatro hospitales que abandonaron a su suerte en el barrio de El Cristo, en Oviedo, siguen allí, en pie, esperando la picota.
¡Buen camino!


miércoles, 2 de agosto de 2017

¿Quién sabe dónde está Trini?

Isolina Cueli
Sí, la pregunta es ¿quién sabe dónde está Trini?. Trini es Trinidad Suardíaz Suero, nacida en Selorio (Villaviciosa) en 1962 y dada por desaparecida en el año 1987, junto a su hija Beatriz, nacida en junio de 1986 en Cabueñes, y de la que tampoco se sabe nada desde que tenía un año.
Estoy segura que Trinidad no se suicidó, ni mató a su hija, por tanto, si están vivas, alguien las retiene en contra de su voluntad, y, si están muertas, alguien las asesinó.
Mi compañera y amiga, Ana Gaitero, periodista del Diario de León, acaba de iniciar una investigación para encontrar el paradero de Trini Suardíaz y su hija a las que presuntamente se les pierde el rastro en Matadeón de los Oteros, un pueblo de León, cerca de Valencia de Don Juan.
Allí las buscó el Ejército bajo tierra, pero nadie se ocupó de buscarlas en Asturias, donde sí hay varios rastros que tendrían que seguir las autoridades policiales o judiciales.
Después de dos meses de noviazgo, a Trini la casaron a las siete de la tarde, el día de Reyes de 1985 en la iglesia de La Oliva, de Villaviciosa. Boda con nocturnidad, y no diré que con alevosía, pero sí que en ese enlace hubo muchos errores de bulto, entre otros, que el novio, Antonio María Da Silva, de 42 años, ya había hecho dos matrimonios civiles fraudulentos o falsos con otra persona y tenía siete hijos, según consta en el Registro Civil de Viana Do Castelo (Portugal).
Todo apunta a que el presunto responsable del paradero de Trini es este individuo con el que la emparejaron de forma brutal, pues de todos es conocido cómo la tenía prisionera en las casas por las que pasaban, tanto en Berbes (Ribadesella), como en Matadeón. Trini pedía auxilio por escrito, con notas que lanzaba por la ventana. Esta historia que nos remite a la España profunda, pasó hace treinta años y no supimos poner freno a los desatinos de un desalmado que se ensañó con una persona indefensa. En esas fechas se escuchaban verdaderas tropelías del portugués con esa familia y miramos para otro lado.
Casa de Berbes en la que vivió Trini Suardíaz con Antonio Da Silva. (I.C.)
Pasaron treinta años y aún hay personas e instituciones que tienen información clave para dar con el paradero de Trini. Para recomponer sus últimos pasos conocidos. Para saber qué hizo después de ir, con su hija en brazos, a despedirse de sus amistades de Bárzana (Selorio) porque regresaba con su marido a León, siguiendo el consejo de las monjas que la habían acogido en Gijón, en las semanas, o meses, anteriores y posteriores al parto.
En el pueblo de León recuerdan a Teresa, que era la anterior pareja de Da Silva, y dicen que allí había niños grandes, pero no tienen ni idea de Trini, ni de un bebé. Sin embargo, en el pueblo de Berbes sí vieron a Trini con la niña pequeña. Ahí se acuerdan perfectamente del portugués que compró una casa en medio del pueblo y rápidamente empezó a hacer chapuzas y ampliaciones. Y cuentan cómo ocupó un terreno comunal, contiguo a su solar sin que nadie se lo impidiera (En la foto, la parte pintada de amarillo). Lo que más llama la atención es que los vecinos de Berbes también hablan de un zulo que construyó en el suelo de la casa y tapó con hormigón. Hoy, ese espacio está cubierto de escombros. (En la foto, la parte central, sin tejado) El mismo modus operandi que le adjudicaban los vecinos de Matadeón, aunque en León, el Ejército rastreó hace un año el solar de su antigua casa y no encontró nada oculto.
¡Quién sabe dónde está Trini? En los últimos días muchos vecinos y vecinas de Villaviciosa, Colunga, Ribadesella, Langreo y Gijón me ayudaron a aclarar el oscuro paradero de Trini y buscar a la persona o personas que faciliten las pistas. Desde aquí, les doy las gracias por su colaboración desinteresada y por su tiempo. De momento, todo sigue en penumbra, pero no pierdo la esperanza que algún corazón se ablande y pida la palabra para contar lo que sabe ante la policía, la justicia o la prensa.
Trini y Beatriz son dos seres indefensos a las que nadie busca y muy pocos echan de menos, pero que debían estar en la conciencia colectiva de la España de charanga y pandereta.
Finalizo con la misma pregunta: ¿quién sabe dónde está Trini?
¡Buen camino!


miércoles, 5 de julio de 2017

El camino de Carlos I


Isolina Cueli
Hace 500 años que Carlos de Habsburgo (1500-1558) llegó a Villaviciosa por casualidad. Era un chavalín de 17 años que había nacido en Gante (Bélgica) y venía a España para ser nombrado rey por las Cortes de Castilla. El turno para acceder a la corona le correspondía a su madre, Juana de Castilla (1479-1555), reina jurada por las Cortes de Castilla y Aragón, pero la declararon loca, la encerraron en Tordesillas 46 años y con una especie de golpe de Estado colocaron en el trono a aquel adolescente extranjero, que no hablaba ni español, pero que era más fácil de mangonear por la camarilla flamenca. Con los años tuvo tiempo para demostrar que, a pesar de su religiosidad, en su Imperio no había sitio para la piedad con su madre y se negó a ponerla en libertad.
Escuchamos y leemos a diario relatos sobre la memoria histórica, pero quiénes la promocionan hoy sólo miran la Historia de reojo y apenas llegan a los principios del siglo XX, y como no se molestan en conocer más a fondo de dónde venimos, son capaces de ensalzar a Carlos I, como si hubiese sido un santo, pasando por alto todos los cadáveres que dejó a su paso. Esa memoria sí la tienen fresca en su tierra natal y nombrar a Calos V en Gante (Bélgica) es como mentar al demonio.

Villaviciosa, que ya se llamaba así hace 500 años, exprime la efeméride del desembarco en Tazones con varias iniciativas que recuerdan aquel acontecimiento y con un lema muy comprometido: "Ven a Villaviciosa y siéntete como un rey". Y la pregunta es: ¿cómo se siente un rey? Habría que preguntárselo estos días a Juan Carlos I, marginado de los actos que conmemoraban los 40 años de elecciones democráticas en España. Igual nos llevábamos una sorpresa. 
La ría, con Villaviciosa al fondo, desde el Camino Real. I.C.
Mi homenaje particular al Habsburgo con el que emparentaron los borbones años más tarde, consistió en hacer a pie, con mi amiga María José, el recorrido que presuntamente realizaron los hombres y mujeres del séquito del futuro Carlos I, desde Tazones a Villaviciosa. Es un tramo de ocho kilómetros, de dificultad baja, que arranca en El Camín de L'Atalaya, El Cantón y El Catalín, en Tazones, para seguir por Liñero, San Martín del Mar, cruzando el río Llames hacia Pentanes, Bedriñada, Peruyera y Riaño, a la entrada de Villaviciosa. Se conoce como el Camino Real y creo que va a ser marcado como ruta de senderismo. No tiene mucha pérdida, pero la señalización y la limpieza de los matorrales siempre ayuda a que la marcha sea más llevadera. Discurre por la zona alta, con vistas impresionantes, tanto del estuario, la playa de Rodiles y pueblos colindantes, en primer plano, como el Faro de Luces (Lastres), el Sueve o los Picos de Europa, en la distancia.
Busto de Carlos I en Yuste. I.C.
 Y como la figura de Carlos I de Epaña y V de Alemania es omnipresente, no en vano en sus territorios no se ponía el sol, nos lo podemos encontrar hasta en una fábrica de chocolates. En concreto en el itinerario que ofrecen a los turistas en la Maison Cailler, en el pueblo de Broc, a unos cien kilómetros de Ginebra (Suiza). Allí cuentan a los golosos del chocolate que fueron los españoles que llegaron a América quiénes introdujeron el cacao en Europa. Y, aunque no quedamos muy bien parados por el mal trato dado a los indígenas, que sí conocían el cacao y sus cualidades, no les duelen prendas en reconocernos como los pioneros en sacarle valor añadido al cacao. A Carlos I le adjudican la propuesta de endulzar la pasta de cacao para que estuviese más rica. Al final, los españoles tampoco supimos sacarle partido al chocolate y, desde hace más de un siglo, son los suizos los reyes de este producto, gracias al tesón de emprendedores con apellidos tan familiares como Cailler o Nestlé.
Los restos de Carlos I se encuentran en el monasterio de Yuste, en la comarca extremeña de La Vera, donde acabó su tenso e intenso camino vital y a donde llegan miles de visitantes cada año. Allí no fabrican chocolate de renombre, pero sí son conocidos por los excelentes productos de la huerta. El valor añadido a su economía lo da el tirón turístico que, a título póstumo, les proporciona el rey.
¡Buen camino!


miércoles, 31 de mayo de 2017

Cambio de década

Isolina Cueli
Nací en Priesca, tal día como hoy, hace sesenta años. Huelga decir que cambio de década y no puedo negar que me da mucho vértigo.
Manzano: flor de mayo. 
Acabo de entrar en la edad que te ofrecen descuentos en el cine, viajes y hoteles; que te ceden el asiento en el autobús y te haces invisible, pero a pesar de todo, no me siento ni vieja, ni mayor, ni invisible y debe ser un problema; por eso, con su permiso, utilizo estas líneas a modo de terapia.
Pasaron seis décadas y parece que fue ayer cuando hacía mis primeros viajes. Tenía tres años y me colocaban encima de los sacos terreros de la gradia, un artilugio de pinchos con el que se alisaba la tierra recién arada. Imagino que aquel ir y venir a ninguna parte, durante horas, es la base de mi inquietud, curiosidad y creatividad, y también el cimiento de mis ansias de libertad. El movimiento, aupada en aquellos sacos, un metro por encima del suelo, en vehículo descapotable, era lo más parecido a volar. Apenas conocía Villaviciosa, pero ya había viajado unos cuantos kilómetros a lomos de aquel apero diseñado hacía siglos y al paso de dos vacas que casi nunca se salían del riego, un surco marcado por muchas generaciones. Eran los años en los que el tiempo pasaba de otra manera, más lento. Los años en que los sabores eran auténticos -nunca olvidaré los bocadillos de chorizo al llegar de la escuela- y a la agricultura no hacía falta ponerle el apellido de ecológica.
Gradia que conservan Maribel y Ciano en Ordiera (Sebrayo).
A la avecilla que le gustaba volar y disfrutaba de la libertad triscando por el campo le cortaron las alas durante los siete años de internado. Fue el calvario que tuve que pasar para volver a retomar la libertad, levantar el vuelo de nuevo y marcar el surco para el viaje de mi propia vida, un camino iniciado hace sesenta años en Priesca, de la mano de Aurora y Ramón.
Los años me enseñaron que el pensamiento no debe tomar asiento, por eso mantengo la curiosidad por aprender a diario alguna cosa y celebro los cumple días. También conservo el espíritu crítico, que casi siempre es autocrítico, y, por supuesto, no me olvido de cultivar las ganas de reirme, pese a quien le pese. Sé que con la risa se acentúan las arrugas, pero esos surcos del tiempo marcados en mi rostro son el reflejo de una vida. Y si nunca fui esclava de mi físico, ni de mi imagen, a estas alturas del calendario puedo permitirme el lujo de no ocultar ni arrugas, ni canas, ni varices e ir en contra de los cánones de belleza establecidos, que arrastran a tantas personas.
Acabo de estrenar década y soy consciente que voy hacia el final de mi vida. Es el declive inevitable, pero quiero morirme de viva, o de risa, y por eso me niego a esperar sentada a que llegue la parca, aunque sí me propongo ralentizar el paso.
Son sesenta años de trabajo y sacrificios en este valle de vanidades y de lágrimas, en los que procuré no perder la empatía hacia el prójimo. Seis décadas de relativa paz en España que pasaron como un fogonazo, aunque si las miro con detenimiento, dieron para mucho. Tengo la suerte de tomar la opción que más me gusta, casi siempre distinta a la del rebaño, pero un lujo que no me canso de saborear. La experiencia me dice que para ser feliz no importa la edad, sino la conformidad, y a los sesenta no perdí la capacidad de apreciar las pequeñas cosas.
Me encanta estar sola, -llevo la soledad en el nombre- pero en las alforjas de la vida conservo un grupo de amigas y amigos que me hacen el camino más llevadero. Y, por supuesto, están los parientes, que me arropan. No se puede pedir más. Con todas y todos, y con usted que llegó hasta aquí en la lectura, comparto estos versos de Antonio Machado: "Caminante, son tus huellas/ el camino y nada más;/ caminante, no hay camino,/se hace camino al andar./ Al andar se hace camino,/ y al volver la vista atrás/ se ve la senda que nunca/ se ha de volver a pisar./ Caminante, no hay camino,/ sino estelas en la mar."
¡Ultreia!

miércoles, 3 de mayo de 2017

Ahora les toca a les patates

Isolina Cueli
Competición de burros al final de la jornada. (I.C)
En Priesca, cada verano, nada más terminar la faena de la hierba, sabíamos que tocaba cosechar les patates en El Carbonéu. También tocaban las de los vecinos que habían venido a ayudarnos. Con tierra hasta las orejas y la columna curvada, era un aliciente y una fiesta que se remataba con un pulso de fuerza entre el burro de los pitusos y nuestra burra. Había cantidad de patatas de dos colores: las blancas y las rojas de riñón. Salían patatas para comer,-el alimento base-, para vender y regalar, para los cerdos o las gallinas y las mejores, seleccionadas, se guardaban para sembrar al año siguiente. Y, precisamente, en este acopio de patatas de siembra que hacían antes y que la comodidad de ahora nos lleva a comprarlas en el almacén, está el problema de las enfermedades. Entonces, para regenerarlas, se intercambiaban con el vecino, ahora las regeneramos con los vecinos del País Vasco, Francia, Bélgica o Turquía y eso queda muy fuera de mano.
Patatas caseras, de siembra. (I.C)
El caso de Priesca se puede extrapolar a todos los pueblos de Asturias, en los que había, como mínimo, dos cosechas: las tempranas, de abril y mayo, y las del año, para agosto.
Los políticos de finales del siglo XX bautizaron Asturias como el paraíso natural pensando en los turistas. Y sí, entonces había un paraíso, porque teníamos miles de jardineros que cultivaban y cuidaban a diario ese paraíso. Me refiero a los agricultores y ganaderos que se dejaban las espaldas en el trabajo de sol a sol. Mientras, otros, en los despachos, con mucho esfuerzo y tesón, consiguieron acabar con el medio rural y hoy el paraíso es un gran matorral, salvo contadas excepciones.
Y en esas excepciones están las pequeñas huertas, la mayor parte para consumo doméstico, que aún se mantienen, gracias a los románticos de la fesoria que disfrutan con sus cultivos. Uno de esos cultivos, a pequeña escala, era la patata y ahora también la están demonizando y acabarán con ella y con la paciencia de la gente de los pueblos. El colmo que les faltaba es tener que pedir permiso para sembrar patates. No alcanzo a ver el trasfondo de este intervencionismo de los poderes fácticos. Creo que ni los propios políticos de ahora deben saber a dónde nos lleva este lío de la enfermedad de les patates. No sé si saben que éste tubérculo y quiénes lo cultivan, conviven hace muchos años con el escarabajo de la patata. Y el buen hacer de los cultivadores consiguió sacar adelante unas cosechas de primera. Ahora se acaba de descubrir una enfermedad nueva (aunque ya existe hace años) y como soy de pueblo, y desconfiada, no me puedo creer que estemos ante un problema inocente. No voy a hablar de conspiración, pero sí de tomadura de pelo.
Gracias a la tierra y el clima de Asturias, podíamos ser una potencia en producción de patatas de primera calidad, pero nos permitimos el lujo de importarlas y son como remolachas -cuando compre patatas pregunte de dónde vienen-. Ni los cocineros le dan el lugar que se merece la patata cultivada en Asturias. Quien haya probado una patata asturiana notará la diferencia sobre el resto y, aunque sea en pequeñas cantidades y casi por casualidad, aún se pueden encontrar en tiendas de agricultura ecológica, salvo que una mano negra quiera que dejemos de cultivar las patatas de aquí y tengamos que volver a comprarlas en América, de donde llegaron hace casi 500 años.
Acabamos de enterarnos que en Estados Unidos se van a plantar pomaradas de variedades asturianas de manzana de sidra. Eso sí, las tuvieron cinco años en cuarentena antes de darlas de paso, para asegurarse que no les contagiábamos ninguna plaga. Algunos lagareros pusieron el grito en el cielo. No quiero pensar que dentro de unos años tengamos que importar la manzana de sidra de Michigan (USA). Con la manzana de mesa ya pasó. Recuerdo que en los setenta, en Priesca, se cogían a mano miles de kilos de manzana de mesa -mingán y reinetas- que se presentaban en cajas de madera, con una cama de hierba o paja, y se vendían por camiones a compradores de Lérida. A la vuelta de muy pocos años, y casi sin avisar, los de Lérida empezaron a mandarnos toneladas de manzanas golden, y hasta hoy. Entre tanto, la de mingán, desapareció.
¡Buen camino!

lunes, 24 de abril de 2017

María Zambrano, paso a paso

Dedicatoria del Libro Claros del Bosque. (I.C)
Acabo de ver que Google le dedica su portada a María Zambrano (1904-1991) y me quiero sumar a los reconocimientos que va cosechando, paso a paso. Aunque su juventud  y madurez fueron duros, por tener que abrirse camino como pensadora en un mundo acotado por los hombres, además de los años de exilio en la postguerra y de las tribulaciones sentimentales y familiares, María consiguió un importante reconocimiento en los últimos años de su vida, con los premios Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, en el año 1981, y el Cervantes, en 1988.
En su libro Claros del Bosque, dedicado a su hermana Araceli, se puede leer: "Y queda la nada y el vacío que el claro del bosque da como respuesta a lo que se busca. Mas si nada se busca, la ofrenda será imprevisible, ilimitada". Y María, que no buscó laureles en vida, a pesar de todas las penurias económicas que sufrió y que superó gracias a la ayuda de muchos amigos, va recuperando poco a poco, paso a paso, esa ofrenda imprevisible e ilimitada. Y gestos como el de Google de estos días son la forma de mantener viva su memoria y su obra.
Tuve la suerte de cuidar a María Zambrano los tres últimos meses del año 1981. Su primo Mariano, que la acompañaba en la avenida de Secheron, en Ginebra, estaba ingresado en un hospital y necesitaban una persona para sustituirle. Bernardino Fernández, presidente del Centro Asturiano de Ginebra, pensó en aquella periodista, de prácticas en La Nueva España, que le había pedido trabajo en el verano. Ya había empezado el curso, pero en menos de veinticuatro horas llegué a la estación de tren de Ginebra donde me esperaban, además de Bernardino, el poeta José Ángel Valente (1929-2000), albacea de María, y su primo Rafael Tomero Alarcón, hermano de Mariano. Tenía 24 años y cuando me explicaron lo que debía conseguir de María era para echar a correr, pero me quedé y afronté el reto. Nunca me arrepentí. Había recibido la consigna de ser estricta con ella e imponerle disciplina para comer, para escribir y para caminar o dejar de fumar, entre otras muchas cosas. Creo que no conseguí ni la mitad de los objetivos, pero siempre me quedó la satisfacción de haberlo intentado. Unas veces me tocó ser estricta, otras cedía a sus caprichos, y así fuimos caminando durante tres meses, paso a paso. ¿Quién era yo para imponer nada a María Zambrano? Pero había adquirido ese compromiso, así que fui dando una de cal y otra de arena. Siempre creí que no le gustaba la comida que le hacía, pero cuando, años más tarde, la visité en Madrid, se acordaba de mis croquetas. ¡Toda una sorpresa!
Acababan de concederle en Asturias el Premio de Comunicación y Humanidades, el premio Ullán, como ella le llamaba, en referencia a su amigo José Miguel Ullán (1944-2009), al que le suponía alguna mediación en ése reconocimiento y estaba emocionada de que en España apreciasen su trabajo intelectual. Sería el primero de una larga lista de homenajes. Además, el Centro Asturiano medió para que la nombrasen hija adoptiva de Asturias, una tierra que había conocido con La Barraca y de su amistad con Pedro Caravia (1902-1984), profesor de Filosofía y crítico de Arte.
María Zambrano vivió casi todo el siglo XX y contribuyó, con otras muchas mujeres, a poner los cimientos de los Derechos que disfrutamos hoy, entre ellos el derecho al voto.
Fue en la Navidad del 81 cuando me despedí de ella con un ramo de rosas rojas y amarillas. Nada más verlas se echó a llorar. Tenía en su mano, en forma de rosa, los colores de la bandera de su país, al que no regresaba desde hacía cuarenta años. No eran los colores de la República que había defendido, pero eran los colores de la bandera constitucional de la España democrática, que daba los primeros pasos y en la que tenía puestas sus esperanzas.
Gracias al buen hacer de sus amigos, consiguió volver a España, antes de su muerte en 1991.
Espero y deseo que aún le queden a María Zambrano muchas más citas y reconocimientos a su obra.
Yo recordaré siempre aquellas noches frente a la luna llena, con el lago Leman en primer plano, o los momentos en los que se quedaba ensimismada ante la llama de su mechero.
¡Buen camino!