Un proverbio chino dice que vale más una buena crítica que mil elogios. Aquí haremos crítica constructiva para dar voz a los que no pueden hacerse oír en la Aldea Global de la que formamos parte y que, curiosamente, nos satura de información. Un ruido que nos aturde y nos impide distinguir el grano de la paja; la cordura de la herejía. Dedicado a Mariano José de Larra(1809-1837), autor del grito: ¡Escribir en España es llorar! y a quienes pensaron lo mismo, pero no se atrevieron a decirlo.
miércoles, 19 de junio de 2019
miércoles, 22 de mayo de 2019
jueves, 13 de diciembre de 2018
García Laviana: 40 años sin el misionero y guerrillero asturiano
Isolina Cueli
Amigos
y amigas de la Asociación Asturiana Gaspar García Laviana, señoras
y señores,
Muchas
gracias por contar conmigo para este acto en homenaje y recuerdo al
misionero y guerrillero asturiano Gaspar García Laviana con motivo del cuadragésimo aniversario de su muerte.
Hace
veinte años, por estas fechas, yo estaba en Nicaragua, enviada por
La Voz de Asturias, que dirigía Faustino F. Álvarez,
para hacer un reportaje, coincidiendo con el
vigésimo aniversario de la muerte de Gaspar. Tengo que decir, antes
de nada, que hasta ese momento, desconocía la historia de García
Laviana. Llegué a él gracias a José Manuel Bárcena, un cura de
Infiesto, radicado en Gijón, que muchos de ustedes conocerán y que
fue un sandinista y guerrillero en la retaguardia sin salir de Gijón,
una posición muy importante y poco agradecida, por aquello de estar
en segundo plano, que no todo el mundo sabe ocupar. Bárcena la
ejercía con naturalidad y en Nicaragua aún se acuerdan de él,
aunque no sepan su nombre, como pude comprobar éste verano, cuando
conocí al cardiólogo nicaragüense Daniel Rivas Bravo. Me hablaba
con admiración de un padre asturiano que les había ayudado mucho.
Después de varias conjeturas, averigüé que el padre era Bárcena.
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Ya sé
que no estamos aquí para hablar de Bárcena, pero si no hubiese sido
por él, yo no estaría hoy en este acto. Su mensaje de dar voz a los
sin voz tenía mucho calado y como periodista, procuré colaborar en
ésa causa las veces que me lo pidió. Hoy casi todo el mundo tiene
un altavoz en su bolsillo en forma de teléfono móvil, con acceso a
las redes sociales. Pero hasta principios del siglo XXI eso era
distinto. Salir en el periódico, en la radio o la televisión era
cosa de unos pocos. Bárcena lo sabía y por eso intentó tener su
periódico, aunque no le salió bien.
Como
curas, Bárcena y Gaspar eran privilegiados porque podían utilizar
el púlpito. Para un misionero el púlpito suponía un medio de difusión
muy importante, pero Gaspar intuía que las palabras no eran
suficientes ni convincentess y que los mensajes bíblicos se quedaban cojos y cortos
sin hechos que les acompañasen. Hechos en forma de escuelas,
maestros, medicinas, tierras. Y en un momento dado de impotencia optó
por la revolución. Así lo cuenta en muchos de sus poemas dedicados a los
campesinos:
"Sentí
en mi carne tu pobreza como un látigo de fuego.
Quise
apagar tu pobreza con justicia legalista;
al
no poder, me convertí en guerrillero.
Campesino,
abrasaste mis entrañas
como
lava derretida en el seno de la tierra.
Quiero
consumir el mundo
con los versos encendidos que me inspira tu pobreza".
con los versos encendidos que me inspira tu pobreza".
Lo que sigue en su periplo vital, lo saben ustedes mejor que yo.
De
todas formas, quiero recordar las palabras que le dedica Sergio
Ramírez en su libro "Adiós muchachos":
"El
ejemplo de compromiso armado de un cura con la revolución sandinista
lo dio Gaspar García Laviana, misionero de la orden del Sagrado
Corazón y párroco del pequeño pueblo de Tola, muerto en combate en
el Frente Sur en 1978. Gaspar, un asturiano con vigor de minero,
nacido en San Martín del Rey Aurelio en 1941, tenía las crenchas
entrecanas y las cejas pobladas, y una barba rebelde que a pesar de
la cuchilla siempre le estaba creciendo otra vez. Poeta, además, y
capaz de los juramentos más irreverentes.
En
alguna de las oficinas del búnker de Somoza encontramos a la hora
del triunfo las fotografías a colores de su cadáver tirado sobre la
hierba. Tomadas de diferentes ángulos, lo muestran vestido de verde
olivo, la pañoleta rojinegra al cuello, toda la mitad del rostro un
enorme boquete abierto por la bala de alto calibre; y volví a ver
esas fotos hace poco, con la misma zozobra, cuando me pidieron cosas
suyas para una exposición en su honor en Gijón, con motivo
de la Semana Negra.
Gaspar,
a quien llamábamos El Buda, apareció en San José a finales de
1977. Se había despedido ya de los feligreses de su parroquia, y esa
Navidad iba a dirigir una carta pública explicando su entrega a la
lucha armada, que Humberto Ortega me pidió preparar. Yo me esmeré
en escribirla en un lenguaje evangélico, porque tenía que sonar
como la carta de un verdadero cura. Se la leí, sentados los dos en
un catre del refugio de Humberto, y se quedó callado, con la cabeza
hundida entre las manos; luego se sacó tímidamente de la bolsa unas
hojas apretadamente escritas; vaciló, y las volvió a guardar:
—No
es nada importante —dijo al fin—. Yo había escrito otra.
Yo también soy escritor.
Azorado,
le pedí que nos olvidáramos de mi proyecto de carta, era el suyo el
que importaba, pero él se negó de manera rotunda. Y se publicó la
mía. Pero él era escritor, un poeta".
Creo
que esta escena, que tuvo que ser brutal, fue una primera lección de
humildad por parte del Gaspar guerrillero.
El
texto de Ramírez continúa diciendo que: "Gaspar fue un
símbolo para decenas de sacerdotes, misioneros, religiosas, diáconos
y delegados de la palabra que predicaron la revolución, trabajaron
en apoyo de los guerrilleros sandinistas en los barrios y en las
áreas rurales, transportaron armas, aseguraron refugios clandestinos
y fueron a veces combatientes ellos mismos. Un símbolo que se amplió
a miles de laicos, católicos y evangélicos, ansiosos a la hora del
triunfo de trabajar por el advenimiento de una nueva sociedad y de un
hombre nuevo, en una lectura de la historia que hacían juntos
cristianos y marxistas".
Y
esto que describe muy bien Ramírez no es otra cosa que la Teología
de la Liberación, inventada en América Latina y llevada a la
práctica al pie de la letra, en este caso, en Nicaragua.
Y
aquí me gustaría acordarme de varios misioneros de la época, que
no se echaron al monte, pero que también trabajaron y dieron lo
mejor de su vida por Nicaragua. Me refiero al dominico de Aller, José
Álvarez Lobo, Chepe Lobo, en Chinandega; el también dominico leonés
Gregorio Barreales, director de la Escuela de Agricultura de Rivas,
un puesto de vital importancia para el desarrollo del país. Se trata de un centro de formación en el que se formaron y se siguen formando muchos jóvenes que
apuestan por el campo. El asturiano de Priesca, en Villaviciosa,
Ángel Torrellas, que puso su saber como músico a disposición de
varias generaciones. Me reservo para el final el trabajo del
claretiano, también de Villaviciosa, Mino Cerezo Barredo, autor de
la portada del libro editado este año por el Foro Gaspar García
Laviana y autor, en ése mismo libro, de un artículo que titula: En
la Revolución de Nicaragua. Mino, que había ido a Managua como
misionero, convocado por su compañero de orden, Teófilo Cabestrero,
para apoyar a los cristianos que participaron en la revolución,
acabó poniendo en marcha, a instancias del Gobierno Revolucionario,
el Departamento de Diseño de la Editorial Nueva Nicaragua, un
instrumento clave para divulgar la propaganda del poder recién establecido.
Hay
otro asturiano que también contribuyó al primer éxito de la causa
sandinista y que hoy se siente defraudado, me refiero al periodista
Zoilo Gutiérrez Martínez de la Vega, natural de Turón, en Mieres,
y fundador de Acan, Agencia Centroamericana de Noticias, vinculada a
la Agencia Efe. Con la perspectiva que le dan los cuarenta años
transcurridos, para Zoilo Gutiérrez la de Gaspar fue una muerte
inútil. Pero en su momento, no dudó en poner su grano de arena a
través de Acan. Este medio de comunicación puso en el mapa de la
información a América Central y como tal, fue muy importante para
el movimiento sandinista y muy perjudicial para el dictador Somoza,
que llegó a decir que a él no lo habían derrotado los sandinistas,
sino Acan.
Cuando
se escuchan noticias sobre la situación política y social de la
Nicaragua de hoy muchas personas se preguntan y me preguntan, qué
pensaría Gaspar de la deriva que tomó el sandinismo. Yo no puedo
contestar esa pregunta. Es difícil saber la evolución de Gaspar en
cuatro décadas, así que la dejo a elección de cada uno de ustedes.
Por
mucho que yo diga aquí, por mucho que denuncie, sé que no voy a
arreglar nada en Nicaragua, así que permitanme que pase por alto la
situación política actual. No porque no tenga opinión, sino porque
no quiero polemizar. Me consta que hay distintas opiniones y
distintas formas de interpretar la realidad y las respeto.
Me
preguntaba Javiera hace unos días cómo podíamos incorporar el
mensaje de Gaspar a la realidad de cada uno de nosotros, hombres y
mujeres. Y se me vinieron a la cabeza dos puntos débiles de Gaspar
que están de plena actualidad: la defensa a ultranza de las mujeres,
aquellas que sufrían violencia dentro del matrimonio y las niñas y
jóvenes obligadas a prostituirse por la Guardia de Somoza. Mujeres y
hombres podemos seguir hoy ese ejemplo, tanto para prevenir, como
para denunciar casos de abuso y maltrato.
El
otro punto débil de Gaspar era la defensa de los campesinos y de la
naturaleza, hoy sería la defensa del medio ambiente, que no es otra
cosa que la defensa de nuestra civilización. Somos tan torpes que
nos vamos a fagocitar nosotros mismos. No vemos límites, no hay setu
que nos torne en destrucción y consumismo atolondrado.
En
este sentido, sí me aventuro a decir que si Gaspar viviese hoy, con
78 años y en plenas facultades mentales, estaría clamando por la
defensa del medio ambiente y si estuviese en Nicaragua sería un firme
opositor a la construcción del canal interoceánico que destrozaría
el lago Cocibolca, "el lago más bello del mundo", como
dijo en más de una ocasión, según lo cuenta Ernesto Cardenal en su
libro "La revolución perdida", en el que
describe al misionero-guerrillero asturiano como "hombre de
oración y a la vez hombre de armas", una postura que puede
resultar chocante, pero que fue su opción y no podemos menos que
respetarla, aunque no se comparta.
Como
defensor, que fue, de los campesinos, de los marginados, -su lema
era: primero la dignidad humana, después el compromiso cristiano-
Gaspar estaría luchando codo a codo con Francisca Ramírez, la líder
campesina nacida en Nueva Guinea en 1977 –un año antes de la
muerte de Gaspar- y que coordina el Consejo para la defensa de la
tierra, el lago y la soberanía. Francisca está hoy exiliada en
Costa Rica, tras recibir amenazas por oponerse al canal que
levantaría una empresa china. Una obra que destruiría parte del río
San Juan y el lago Cocibolca, de 8.000 kilómetros cuadrados.
Asturias tiene 10.000 kilómetros cuadrados, así que es fácil
hacerse a la idea de las dimensiones de esta reserva de agua dulce,
de gran importancia para Nicaragua y su entorno. A Francisca Ramírez
y su familia, oponerse a la iniciativa de los Ortega, les costó el
exilio, pero gracias a su tesón, éste desastre ecológico, ha sido
descartado. De momento!.
En
honor a los actuales dirigentes y defensores del canal, hay que decir
que no es la primera vez que se intenta el proyecto por tierras de
Nicaragua, pero afortunadamente, el sentido común se impone a las
fantasías faraónicas.
El
agua ya es un bien escaso y lo será cada vez más. Nicaragua tiene
la suerte de tener el lago Cocibolca, la mar dulce, como se le llama
también, en el que está la isla de Ometepe, a la que llega ayuda de
cooperación desde Asturias, a través de organizaciones como Arco Iris.
Digo
que Gaspar sería hoy un defensor de la naturaleza, pero si estuviese
en Nicaragua lo sería por partida doble, porque el desastre del lago
afectaría muy de cerca a sus parroquias, en el área de Rivas y San
Juan del Sur. Y como defensor de la naturaleza se opondría a la
destrucción del sustento de los campesinos y por extensión de todo
el país. Un país que tiene una agricultura solvente no puede pasar
hambre. Y un país que tiene una naturaleza exhuberante como
Nicaragua y una ubicación estratégica entre el Caribe y el
Pacífico, también puede ser un reclamo turístico, como ya lo está
siendo, o también se pueden buscar otras vías de desarrollo en
armonía con la naturaleza, como se puede ver en Costa Rica, su
vecino del Sur. Una de las primeras cosas que hizo Gaspar al llegar a
la misión en Nicaragua fue integrarse en la Pastoral Rural que
ya funcionaba en el país, y en la que ya había misoneros
asturianos, como el dominico José Álvarez Lobo, chepe Lobo,
que trabajaba en Chinandega.
Me
resulta chocante que líderes de izquierda que reniegan de la
política liberal de los Estados Unidos no le pongan ni un pero a la
iniciativa china, que ejerce un capitalismo tan agresivo como el
yanky. Lo pude comprobar en Bolivia, en el año 2016 y en Etiopía y
Malawi en 2017. En América siguen renegando del imperialismo español
y no hacen ascos al imperio chino del siglo XXI.
En el
caso de Nicaragua, los actuales gobernantes aprobaron un ley que da
carta blanca a los chinos para hacer el canal interoceánico, más
una autopista paralela y urbanizaciones en ambas márgenes, más dos
puertos deportivos en las cabeceras. Todo esto que puede parecer muy
goloso y que se vende como un activo de puestos de trabajo, es pan
para hoy y mucha hambre y sed para mañana, porque la intervención
en el lago alteraría el ecosistema y las reservas de agua, tanto
para la agricultura, como para consumo humano.
Me consta que la Asociación Asturiana Gaspar García Laviana consigue
financiación para proyectos de Cooperación en Nicaragua. En un país
como Nicaragua con un clima muy propicio para la agricultura y la
ganadería, es importante asesorarles con métodos de almacenamiento del
agua. El sol lo tienen garantizado. La clave está en que tengan agua
para riego todo el año y eso se puede conseguir con balsas u otros
sistemas de almacenaje, como vemos por el Sur de España. En un país
con sol y agua no puede o no debe haber miseria.
Hace
veinte años le hice una entrevista a Edén Pastora, el Comandante
Cero, que va y viene al sandinismo de manera cíclica. En ésa época
estaba alejado de la causa.
Ante
la pregunta ¿Qué necesita Nicaragua para salir adelante? Me
contestó: "Si yo fuera presidente me volcaría en el campo.
Invertiría muy fuerte en hacer producir lo único que tenemos: la
tierra. Hay que meter dinero en el campo. Somos un país
eminentemente agrícola. Si el campesino produce y tiene dinero se
moverá todo el país, el comercio, la industria, etc. Pero si se
fomenta la miseria del campo nunca saldremos de la miseria. Gaspar y
mucha más gente dieron su vida por ayudar a los campesinos a salir
de la miseria a la que les tenía condenados Somoza. Ese ideal aún
no se consiguió".
Estas
declaraciones son de hace 20 años y creo que a día de hoy tampoco
se consiguió el ideal de Gaspar.
Cuanto
más viajo y más lugares conozco en países menos desarrollados que
nosotros, compruebo que la miseria de unos es muy rentable para otros
y por eso no interesa que abandonen esa franja de necesidades y
penurias.
Y las
guerras y las revoluciones también son muy rentables para algunos,
mientras otros se dejan la vida. Hace años, hablaba con Cayo
Rodríguez Ponga, un langreano nacido en 1912 que se murió con 102
años, sobre una conocida familia de Gijón. Cayo me decía, ésa es
una fortuna de la Primera Guerra mundial. Me quedé atónita al
escuchar esas palabras tan crudas, pero las decía un hombre casi
centenario que lo había visto y sufrido casi todo. Y sí, mientras
se mueren miles o millones de Gaspar, fieles a unos ideales, se
enriquecen cuatro que no tienen escrúpulos a la hora de pasar por
alto o pisotear la esencia de esos ideales.
El ex
jesuita bilbaino José Antonio San Ginés, "Goyo" en la
guerrilla, que conoció de cerca a Gaspar, me decía hace 20 años,
en el reportaje que hice en Nicaragua, que "morir por una
causa idealista merece la pena, otra cosa es que cuatro jodidos se
hayan enriquecido por ello".
Para
terminar, quiero rendir aquí un homenaje a Gaspar y a todos los
Gaspar del mundo, no sólo a los de Nicaragua. A todos los que se
jugaron la vida por una causa noble, por un ideal que se suponía
mejoraría la vida de mucha gente humilde.
Mucho
mejor que yo lo expresa Sergio Ramírez en su libro "Adiós
muchachos" en el que dice, refiriéndose a los guerrilleros que
llegaron al poder en Nicaragua: "la obligación de los vivos
era ajustar su conducta a la de los muertos, recordar que estábamos
en el poder porque ellos se habían sacrificado, porque habían
asumido la muerte como una tarea. Había que recordarlo siempre, como
lo escribió Ernesto Cardenal en un poema".
Ése
poema de Ernesto Cardenal al que se refiere Sergio Ramírez, dice:
Cuando
te aplauden al subir a la tribuna,
pensá
en los que murieron.
Cuando
te llegan a encontrar al aeropuerto
en
la gran ciudad,
pensá
en los que murieron.
Cuando
te toca a vos el micrófono, te enfoca la televisión,
pensá
en los que murieron.
Mirálos
sin camisa, arrastrados,
echando
sangre, con capucha, reventados,
refundidos
en las pilas, con la picana, el ojo sacado,
degollados,
acribillados,
botados
al borde de la carretera,
en
hoyos que ellos cavaron,
en
fosas comunes,
o
simplemente sobre la tierra, abono de plantas
de
monte:
Vos
los representás a ellos,
ellos
delegaron en vos,
los
que murieron.
Gracias
y buen camino a todas y todos!
martes, 30 de octubre de 2018
Mino Cerezo, pintor de la liberación
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| Á. Valle, Mino Cerezo, I. Cueli, A. Vega y de pie, E. Bustio. |
A continuación reproduzco las palabras que pronuncié en el acto, celebrado en el Teatro Riera de Villaviciosa.
Señor alcalde, Mino, presidente de Cubera, autoridades, señoras y señores, amigos y amigas.
Señor alcalde, Mino, presidente de Cubera, autoridades, señoras y señores, amigos y amigas.
Muchas gracias por
arroparnos en este acto. Cubera da un paso más para visibilizar a
Mino Cerezo en la Villa, donde nació hace 86 años, aunque no los
aparente.
Tengo que confesar que
hasta hace dos años desconocía la existencia de Mino Cerezo,
incluso de su hermano Gonzalo Cerezo, más popular en la villa.
En el otoño de 2016,
tuve la primera noticia de Maximino Cerezo Barredo. Mi amiga Ana
Gaitero, periodista del Diario de León, le hizo una entrevista con
motivo de la inauguración del retablo que acababa de realizar para
la parroquia de San Antonio de Padua, atendiendo al encargo del
párroco, el salesiano Juanjo Ruiz, presente en este acto y al que agradezco el esfuerzo por venir desde León.
En ésa entrevista Mino dijo que era de Villaviciosa y a Ana le faltó tiempo para enviarme
el texto.
A partir de ahí se
fueron dando situaciones curiosas: que yo se lo haya comentado a
Etelvino González, en ése momento presidente de Cubera, quien rápidamente dijo que un autor internacional y desconocido en la Villa, bien merecía que se le prestara atención. Y aquí estamos,
con Mino en el barrio de El Ancho, donde nació y al lado del colegio
de San Francisco y de las monjas vedrunas como él las llama, donde
cursó sus primeros estudios. Tampoco está lejos la iglesia
parroquial, en la que permanece el impresionante mural de Paulino
Vicente. Una anunciación en tonos azules que Mino Cerezo vio pintar
y que quedaría impresa en su retina para toda la vida. Y según sus
propias palabras, aquel Paulino Vicente, pintor subido al andamio,
tuvo mucho que ver en su posterior vocación pictórica.
El trabajo realizado en el
cuaderno número 29 de Cubera, y que hoy ve la luz, es sólo una
aproximación a la obra de Mino Cerezo Barredo. Necesitaríamos
muchos más cuadernos para recoger todo su quehacer como pintor y
muralista. Aquí mostramos 170 imágenes de murales, cuadros e
ilustraciones de Mino, pero hay miles, repartidos por diecisiete
países. No obstante, creo que puede servir como acercamiento a su
obra.
![]() |
| Vega entrega a Mino una reproducción del cartel de Reyes. |
Desde los años noventa
tengo pendiente un recorrido por el periplo vital de San Melchor de
Quirós en Vietnam. Ahora añado otro reto: conocer in situ los
murales de Mino Cerezo. Es una forma de viajar muy distinta, un
pretexto insólito, que me llevaría a América del Sur y América
Central a conocer los países, paisajes y paisanajes a los que Mino
entregó gran parte de su vida activa. Muchos de esos países, por
los que Mino sufrió y sufre, como Nicaragua, Brasil,
Argentina,Venezuela, Bolivia, Colombia o Guatemala tienen hoy
problemas domésticos, según nos cuentan en las noticias, bueno,
problemas domésticos e internacionales, como es el caso de la
caravana del Hambre, que afecta a varios países. La verdad es que
este nombre de la caravana me chirría, pero espero que nadie
pronuncie en vano la palabra HAMBRE. Vamos a ser optimistas y
apostar, una vez más, para que siga germinando la semilla que
sembraron todos los teólogos de la liberación y los misioneros de
buena fe, hombres y mujeres que entregaron su vida a enseñar al que
no sabe y aquí entra enseñar a cultivar los campos para tener más
comida, enseñar a leer y escribir para que no les engañen o enseñar
normas elementales de higiene para prevenir enfermedades. Lo de la
religión, por lo general, viene después. Y espero que con el tiempo
lleguen otras cosas, acordes con los tiempos.
Mino realizaba casi todas
las enseñanzas a través de la pintura y hacía buena la frase de
que una imagen vale más que mil palabras, especialmente si los
destinatarios son analfabetos, como era el caso de muchas de las
personas que vivían en las comunidades en las que trabajó.
Todos sabemos que a los
misioneros y misioneras les salió en las últimas décadas una
competencia sana, la de la Cooperación Internacional y las ONGs, y a
pesar de todos esos esfuerzos personales y económicos por parte de
los países más desarrollados, seguimos pidiendo para combatir el
hambre, como cuando yo iba a la escuela de Priesca. Y me paro aquí,
que no es el momento ni el lugar para arreglar el mundo!
Aunque, al hilo de este
comentario, sí me gustaría recordar que en 2018 se cumplen
cuarenta años de la muerte en Nicaragua del misionero asturiano
Gaspar García Laviana. Según sus palabras, la impotencia lo llevó
a empuñar las armas y echarse al monte con los revolucionarios
sandinistas. Sabiendo lo que sabemos hoy, no sé si mereció la pena
su muerte.
Por esas mismas fechas,
Mino también estaba en América y sus armas eran los pinceles y las
brochas; las imprentas y las multicopistas. Aunque en más de una
ocasión también pasó a la acción y encabezó reivindicaciones de
los campesinos brasileños o peruanos.
Y si sus pinturas y
dibujos sirvieron para ayudar a la gente en América, en estos
últimos meses, mientras preparaba el texto del Cuaderno de Cubera
pude descubrir que Mino sigue tocando el corazón de las personas,
incluso, a este lado del Atlántico, y su mensaje está vivo. Un
mensaje que se resume en aplicar las bienaventuranzas del evangelio,
aquello de dar de comer al hambriento, de beber al sediento, posada
al peregrino, etc. Y para eso no hace falta ser creyente, ni ser
practicante de ninguna religión, sólo hace falta ser buenas
personas.
El impacto en los
corazones de quienes se acercan a su pintura lo pude comprobar el
pasado mes de mayo en el albergue de peregrinos de Güemes, en
Cantabria. En el año 2012 Mino pintó un mural en la Ermita
Ecuménica de Güemes. Sí, tenía 80 años, y estaba subido en el
andamio. Desde entonces, Mino está presenta de forma continua en
ese espacio mágico. Cada día se comentan sus pinturas con los
peregrinos (este año pasaron por allí 12.000) y hay reacciones tan
distintas como personas interactúan con la obra.
![]() |
| Cerezo con J. Ruiz y sus colaboradoras de Asturias |
Gracias al ayuntamiento de
Villaviciosa en la persona del señor alcalde, Don Alejandro Vega,
que amplía la edición de Cubera con el monográfico sobre Mino
Cerezo, y permite dar mayor difusión a la obra.
Me encantaría que Cubera
pudiese liberar esta publicación, dedicada exclusivamente a sus
socios, y la dejara en abierto, a disposición de todas las personas
interesadas, de la misma forma que está la obra de Mino Cerezo.
A mí, que soy partidaria
de hacer los homenajes en vivo y en directo, me encanta poder
participar en este reconocimiento público a Cerezo Barredo, que como
pintor nos enseña a mirar un poco más allá de la realidad, más
allá de nuestras narices.
Gracias a Cubera, en un primer momento Etelvino González, como presidente, y ahora Ángel Valle, por darme la oportunidad de participar en el Cuaderno y gracias a Mino por su colaboración y su paciencia para responder a mis preguntas y dudas.
Gracias a Cubera, en un primer momento Etelvino González, como presidente, y ahora Ángel Valle, por darme la oportunidad de participar en el Cuaderno y gracias a Mino por su colaboración y su paciencia para responder a mis preguntas y dudas.
Y como ye uno de los
nuestros, me alegro de sus éxitos y, por supuesto, como peregrino de
la vida, como dirían en Güemes, le deseo Buen Camino de la Vida, al
igual que a todos ustedes.
Buen Camino!
miércoles, 6 de diciembre de 2017
Manzana asgaya
Isolina Cueli
Asgaya es una palabra bable que nos
indica la gran cantidad de manzana que hubo este año, gracias a las
buenas condiciones del clima.
Y lo que tendría que ser motivo de
júbilo se convierte en pesadilla para muchos cosecheros de manzana
que se ponen nerviosos porque creen que no van a poder vender tantos
kilos, una cantinela que se repite desde hace muchos años por falta
de profesionalidad en el sector. El ejemplo más claro es el de la
vecería o alternancia en la producción. Este año hay mucha manzana
y al siguiente menos de la mitad. En el año 87 entrevisté en Siero
a Claudio García, que había eliminado la vecería en su pomarada
gracias a una buena poda anual, al constante abonado, además de un
tratamiento con aminoácidos de síntesis en el terreno. La solución
está al alcance de todos, pero requiere trabajo e inversiones y eso
ya es más difícil de aplicar por el sistema endémico del cultivo
de la manzana en Asturias, donde se deja a los árboles a su aire.
Siempre defendí a la gente del campo,
pero en el caso de la manzana y la sidra, creo que tan de campo es
quien cosecha la manzana, como quien la transforma. Ambos se
complementan. Y así lo pude comprobar en el Concurso Exposición de
Manzana que se celebró en Villaviciosa este año. No hace falta
agudizar mucho la vista para comprobar cómo los lagareros y las
empresas están haciendo sus propias pomaradas, dando ejemplo de
profesionalidad y ganando premios por su buen hacer. Así, van
marcando la senda por la que tiene que avanzar la manera de cosechar
manzanas. Y al igual que las bodegas de vino están en medio de un
viñedo, cada día es más fácil ver las pomaradas que se extienden
alrededor de las naves de la industria transformadora. Está claro
que los lagares y las fábricas nunca van a ser auto suficientes, pero
lo intentan y me parece muy bien.
Hace treinta años ya se apostaba por
la puesta en marcha de contratos entre lagareros y cosecheros como
los que existían en el País Vasco. Es una buena solución para
ambas partes, un ten con ten difícil de aplicar en Asturias,
mientras no se controle la vecería.
Es posible que el siguiente problema
venga por los jornales del campo. En el Sur ya se dio la voz de
alarma por la falta de mano de obra recolectora -el año pasado
quedaron 200.000 kilos de albaricoque sin recoger- a pesar de que es
más cómodo quitar la fruta del árbol, que pañarla en el suelo,
como pasa con las manzanas de sidra. Parece que los españoles no
estamos por la labor de doblar el espinazo. En Asturias, los inmigrantes ya
dominan claramente dos apartados relacionados con el sector de la
manzana: en el campo participan en la recolección de forma masiva y
en los concursos de escanciadores, son los líderes del podium. El
reciente campeón de Asturias de escanciadores se llama Salvadór
Ondó. Es de Guinea Ecuatorial y trabaja en la sidrería El Mallu, de
Gijón.
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| Preparativos de un contingente de manzana para enviar a el País Vasco. |
¡Buen camino!
martes, 14 de noviembre de 2017
Utopía
Isolina Cueli
![]() |
| Ernesto y Marisa, peregrina de La Gomera. |
En el Camino de la Vida, y como
peregrina del Camino de Santiago, me encontré estos días en Cantabria con un utópico del siglo XXI. Se llama Ernesto Bustio
(Güemes, 1937) sacerdote obrero y trotamundos. A pesar de los años
y los desengaños, sigue creyendo con fe ciega en la bondad infinita
del ser humano. Y lo pone en práctica a diario en Güemes, en el albergue de
peregrinos La cabaña del abuelo Peuto, homenaje a su abuelo
Perfecto, campesino que puso los cimientos del edificio sobre el que
se asienta el alojamiento para peregrinos del Camino de Santiago y
para los demás peregrinos del Camino de la Vida y de la Amistad. Lo
insólito de la iniciativa del cura Ernesto, de padre villaviciosino,
es que en su hospedaje te facilitan alojamiento -con ducha de agua
caliente incluída- y manutención, pero no existen tarifas. Cada
usuario deposita el dinero que considera oportuno en una caja, de
forma anónima. Y lo curioso, también, es que hay gente que se va
sin dejar nada. Pero este comportamiento no logra alterar la fe del
cura Ernesto, que mantiene su tesis de que la tacañería, o la cara
dura de unos, se compensa con la generosidad y el altruismo de otros.
En este caso, no podemos pensar en la
picaresca española para escaquearse a la hora de sacar la cartera,
porque los extranjeros son mayoría entre los peregrinos. Y, como no
está bien que paguen justos por pecadores, el cura Ernesto se
resiste a poner precio a su trabajo y el de los colaboradores y
voluntarios. Quiere que sean otros los que le den el valor al
servicio que reciben.
Después de recorrer medio mundo en un
coche todoterreno, conocer humanos de muchas razas y de curtirse en
múltiples oficios, el cura Bustio da un voto de confianza y tiende
su mano amiga a la humanidad doliente, convencido que para llegar a
la utopía, sólo está el Camino de la Amistad.
Utopía es el título del libro
publicado en 1516 por Tomás Moro (1478-1535). En aquel texto, el
autor británico explicaba cómo sería el Estado ideal de una
república en la nueva isla de Utopía, en la que no existía la
propiedad privada y se promovía la igualdad entre sus habitantes
masculinos, que también podían elegir a sus dirigentes. Una
república con sanidad gratuita, divorcio, libertad religiosa y
eutanasia. Algunos de estos postulados, como el divorcio o la sanidad
universal, utópicos para su tiempo, se fueron ejecutando con el
correr de los siglos. Otros, como el comunismo, fracasaron, y los
menos, como la eutanasia, siguen siendo utopía en muchas sociedades.
En el libro de Tomás Moro había olvidos sonoros como la
igualdad de las mujeres, un derecho que también va ocupando su
sitio, a pesar de que a él, un adelantado a su tiempo, ni se le hubiera pasado por la cabeza.
Moro y otros pensadores y pensadoras
fueron sumando ideas y reflexiones para el progreso intelectual de la
humanidad y para que la cosa pública -res publica- esté al
servicio de la mayoría.
Ese compendio de sesudas teorías al
servicio de la humanidad, hechas por intelectuales, pensadores y
utópicos está resumido en: Bienvenido a la República
Independiente de tu Casa, las ocho palabras del anuncio de Ikea
que caben en un felpudo. Sería muy interesante para la cosa pública
que supiéramos ser independientes de puertas para dentro -incluídos
los políticos- y gobernáramos y administráramos nuestra casa y
nuestro pequeño universo como nos gustaría que se gobernase el
exterior. Ser independiente es practicar la responsabilidad, la
educación, la solidaridad, la piedad, la austeridad, la autonomía,
la libertad, la clemencia, la humildad, el perdón, la paciencia y la empatía.
Cualidades que el cura Ernesto presupone que vienen de
serie en la mochila vital y no calcula que hay egoístas que prefieren
no pensar en el esfuerzo hecho para que el plato de la cena, la ducha
caliente o el desayuno estén allí, en el albergue y a su
disposición, igual, o mejor, que en su propia casa.
En nuestro mundo desarrollado, y como
peregrinos de la vida, tampoco deberíamos ignorar lo que nos ofrecen
la Sanidad, aunque tenga defectos; la Educación hasta la
Universidad, aunque se le vean lagunas; las carreteras por las que
circulamos, aunque encontremos baches y los políticos, elegidos en
democracia, aunque en ocasiones intenten engañarnos. Todo es
mejorable y, aunque nos parezca utópico, hasta podría ser perfecto,
o peuto, como dirían en
Cantabria. La clave está en seguir y perseguir la utopía, al
igual que hace a diario el cura Ernesto.
¡Buen camino!
miércoles, 11 de octubre de 2017
Se les ve el plumero
Isolina Cueli
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Pasaron unos veinte años y en los
noventa y principios del siglo XXI volvieron los plumeros de forma
masiva. Nos llegaron por las autopistas. Los lumbreras encargados de
la ornamentación de los espacios verdes de las carreteras no
tuvieron mejor ocurrencia que colocar miles de plantones de plumero
por todas partes, a lo largo de cientos de kilómetros, tanto en
Asturias, como en las comunidades limítrofes. Aquellos miles, ahora son millones.
Sería interesante saber cuánto nos gastamos en plumeros para las
carreteras.
Ese dato no tendría mayor
trascendencia si no nos hubiésemos encontrado con la paradoja de que
al cabo de unos años, las mismas instituciones que autorizaron las
plantaciones de los plumeros nos dicen hoy que es una planta
invasora y que hay que arrancarla. Y en vez de ponerse manos a la
obra, con pico y pala, o mejor, con pala excavadora, lo que hacen es
contratar a una empresa para matar a los pobres plumeros, pero con
herbicida. En el Gobierno comunican que arrancaron
2.500 plantas y habrá dos millones. ¡No les queda nada! Por lo que vi este verano, empezaron por los tramos de
autopista de Ribadesella y Llanes y las cunetas están infestadas de
herbicida, con las hojas de plumero amarillas. ¡Y me dirán que es
herbicida bueno! Para los particulares el uso de herbicida está
casi penalizado, pero los ministerios y las consejerías de turno
utilizan el herbicida en espacios públicos y por toneladas, porque
para acabar con una mata de plumero hay que echar mucho veneno. A la
vuelta de la primavera se verá si el método es eficaz o tendrán
que repetirlo.
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| Plumero seco por el efecto del herbicida. |
Se dice que el plumero es planta
invasora. Quiénes saben de plantas no se extrañan que el plumero,
como la mayor parte de los vegetales, intente reproducirse, bien con
sus semillas, con ayuda del viento, de insectos o de pájaros. Para
que el plumero no se extienda sólo hay que hacer una limpieza al año
de los espacios en los que está plantado, en este caso las
carreteras, arrancando los plantones jóvenes. Pero el sistema de
desbroce abarca un metro de cuneta, o mejor dicho,
lo que alcanza el brazo mecánico de la desbrozadora del tractor que
se encarga de ese servicio, o el brazo del operario que lleva la
desbrozadora manual, con lo cual, en los otros metros de arcén, que
son muchos, campan las malas hierbas a sus anchas. ¿Porqué no hay plumeros en los praos? El plumero no es
ni más ni menos invasivo que el fresno; el laurel; los matorrales
que se ven por todas partes; la adelfa, una planta venenosa,
que no es de estas latitudes y que también plantaron en la mediana
de todas nuestras autopistas, o la retama, que sustituye a nuestra cotolla y que también nos la colaron por las autopistas. No me sorprendería que se acuerden ahora que son invasoras y decidan arrancarlas.
Ya es casualidad que el plumero campe a sus anchas en los espacios públicos de las carreteras y en los polígonos industriales como el de Bobes (Siero), que también está abandonado a sus suerte. En Bobes hicieron un expolio a los vecinos, echándolos de sus tierras, en las que no había ni un plumero, para convertirlas en parcelas industriales y ahora no hay ni tierras de cultivo, ni naves. Hay plumeros.
¡Buen camino!
Ya es casualidad que el plumero campe a sus anchas en los espacios públicos de las carreteras y en los polígonos industriales como el de Bobes (Siero), que también está abandonado a sus suerte. En Bobes hicieron un expolio a los vecinos, echándolos de sus tierras, en las que no había ni un plumero, para convertirlas en parcelas industriales y ahora no hay ni tierras de cultivo, ni naves. Hay plumeros.
¿Cómo es posible que a nadie se le haya
ocurrido poner en las autopistas hortensias? una planta que prende de esqueje
y su flor impresiona a nuestros visitantes. Supongo que no lo hacen,
porque hay que podarlas.
Se les ve el plumero, y mucho, tanto a
los que trajeron los primeros plantones, como a quiénes deciden
ahora arrancarlos por invasores. Mientras, a nosotros, paganos de todos sus
desaguisados, sólo nos queda echarnos las manos a la cabeza.jueves, 14 de septiembre de 2017
Pan y circo
Isolina Cueli
Las dos palabras del título no son
mías. Así, unidas, las escribió en latín -panen et circenses-
el poeta Juvenal hace más de 2100 años. El escritor romano
denunciaba el modus operandi de los emperadores de la época,
que repartían trigo gratis entre sus súbditos y también les
organizaban actuaciones circenses. Según Juvenal, los mandatarios utilizaban ese tejemaneje para tener contenta a la gente, con alimento y
entretenimiento y, así, ellos podían hacer lo que les diese la
gana.
Pues ese pan y circo, tan antiguo como
las piedras, se repite hasta la saciedad. Lo mismo da que vivamos en
dictadura como la de los emperadores, o en una democracia moderna.
Aunque ahora estamos bien alimentados,
está claro que nos encantan los regalos de comida. No hay más que
ver cómo agradecemos ese pincho que ofrecen con la consumición en
los bares o cafeterías. Nos lo envuelven tan bien, o nos dejamos
engañar tan fácil, que hasta creemos que es gratis, cuando, en
realidad, ya lo pagamos bien pagado con la bebida. Pero son
estrategias de las empresas privadas y no tengo nada que objetar. Es
más, tienen toda mi admiración por conseguir vender y mantener los
negocios y ni se me ocurre compararlos con los emperadores romanos.
El título y contenido de ésta columna
me lo sugieren las fiestas y festejos que se organizan a lo
largo del verano en todos los concejos. Parece que los ayuntamientos
compiten a ver quién da más pan y más circo. Al menos, es lo que
vÍ y viví en Asturias. Es igual el color político de
los gobernantes, en los programas culturales se repiten las mismas
ideas y los mismos personajes, empeñados en alimentarnos el estómago
y la mente, o lo que es lo mismo, en fartucarnos y atontarnos. Supongo
que el objetivo será mantenernos contentos y despistados, o
hipnotizados mirando a los matorrales que invaden las carreteras,
las autopistas y los caminos. Está claro que para desbrozar no hay presupuesto. Parten de la base que los turistas, que también van
fartucos y atontaos, ni se enteran de los bardiales que hay por todas
partes. Además, algunos, que presumen de ecologistas, hasta los
encuentran decorativos.
De Folixa en Folixa es el nombre de un
programa de la TPA, la televisión de Asturias, y resume
perfectamente la filosofía de vida del verano. De fiesta en fiesta y
de fartura en fartura y, si es gratis, mucho mejor. Y en eso se
esfuerzan los municipios, convertidos en agentes festivos y artísticos.
Cuántos actos y actividades nos han
presentado como gratuitos. Música, teatro, cine, degustaciones,
fiestas y demás familia, adornadas como gratuitas, cuando en
realidad cuestan mucho dinero y lo pagamos todos. No sé cuándo
vamos a aprender que nada es gratis, por mucho que nos digan que es
así. Nada es gratis y la cultura y, en algunos casos, la
agricultura, menos. Tuve la oportunidad de escuchar música sin pagar; de
ir al cine sin pasar por taquilla; de asistir a conciertos gratis y
creo que es un lujo que no nos debíamos permitir.
Y como el gratis no es gratis, sino que
cuesta dinero, ya nos están anunciando una nueva subida del IBI, el
Impuesto de Bienes Inmuebles, es decir que tenemos que pagar más
por vivir entre cuatro paredes. No vendría mal reflexionar hasta qué
punto nos interesa que nos den pan y circo gratis, a cambio de
atracarnos en otoño con los impuestos del IBI, del IVA y demás porcentajes. Un ejemplo sangrante es el 26 por ciento de un servicio básico como es la luz (21% de IVA y 5% del impuesto eléctrico). Algo parecido pasa con la
gasolina. En Asturias creo que seguimos con el céntimo
sanitario. En su día nos subieron el combustible un céntimo para
contribuir a pagar la construcción de un hospital, cuando había un
complejo hospitalario en perfecto estado. La obra, que luce muy bien al exterior, se acabó hace
cuatro años y algunas zonas interiores amenazan derrumbe y están apuntaladas. Mientras, y como si fuéramos
ricos, los cuatro hospitales que abandonaron a su suerte en el barrio de El
Cristo, en Oviedo, siguen allí, en pie, esperando la picota.
¡Buen camino!
miércoles, 2 de agosto de 2017
¿Quién sabe dónde está Trini?
Isolina Cueli
Sí, la pregunta es ¿quién sabe dónde
está Trini?. Trini es Trinidad Suardíaz Suero, nacida en Selorio (Villaviciosa) en
1962 y dada por desaparecida en el año 1987, junto a su hija
Beatriz, nacida en junio de 1986 en Cabueñes, y de la que tampoco se
sabe nada desde que tenía un año.
Estoy segura que Trinidad no se
suicidó, ni mató a su hija, por tanto, si están vivas, alguien las
retiene en contra de su voluntad, y, si están muertas, alguien las
asesinó.
Mi compañera y amiga, Ana Gaitero, periodista del Diario de León, acaba de iniciar una investigación
para encontrar el paradero de Trini Suardíaz y su hija a las que
presuntamente se les pierde el rastro en Matadeón de los Oteros, un
pueblo de León, cerca de Valencia de Don Juan.
Allí las buscó el Ejército bajo
tierra, pero nadie se ocupó de buscarlas en Asturias, donde sí hay
varios rastros que tendrían que seguir las autoridades policiales o
judiciales.
Después de dos meses de noviazgo, a
Trini la casaron a las siete de la tarde, el día de Reyes de 1985 en
la iglesia de La Oliva, de Villaviciosa. Boda con nocturnidad, y no
diré que con alevosía, pero sí que en ese enlace hubo muchos
errores de bulto, entre otros, que el novio, Antonio María Da Silva,
de 42 años, ya había hecho dos matrimonios civiles fraudulentos o
falsos con otra persona y tenía siete hijos, según consta en el
Registro Civil de Viana Do Castelo (Portugal).
Todo apunta a que el presunto responsable del
paradero de Trini es este individuo con el que la emparejaron de
forma brutal, pues de todos es conocido cómo la tenía prisionera en
las casas por las que pasaban, tanto en Berbes (Ribadesella), como en
Matadeón. Trini pedía auxilio por escrito, con notas que lanzaba
por la ventana. Esta historia que nos remite a la España profunda,
pasó hace treinta años y no supimos poner freno a los desatinos de
un desalmado que se ensañó con una persona indefensa. En esas
fechas se escuchaban verdaderas tropelías del portugués con esa
familia y miramos para otro lado.
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| Casa de Berbes en la que vivió Trini Suardíaz con Antonio Da Silva. (I.C.) |
En el pueblo de León recuerdan a
Teresa, que era la anterior pareja de Da Silva, y dicen que allí
había niños grandes, pero no tienen ni idea de Trini, ni de un
bebé. Sin embargo, en el pueblo de Berbes sí vieron a Trini con
la niña pequeña. Ahí se acuerdan perfectamente del portugués que
compró una casa en medio del pueblo y rápidamente empezó a hacer
chapuzas y ampliaciones. Y cuentan cómo ocupó un terreno comunal,
contiguo a su solar sin que nadie se lo impidiera (En la foto, la parte pintada de amarillo). Lo que más llama
la atención es que los vecinos de Berbes también hablan de un zulo
que construyó en el suelo de la casa y tapó con hormigón. Hoy, ese espacio está cubierto de escombros. (En la foto, la parte central, sin tejado) El mismo
modus operandi que le adjudicaban los vecinos de Matadeón,
aunque en León, el Ejército rastreó hace un año el solar de su antigua casa y no
encontró nada oculto.
¡Quién sabe dónde está Trini? En
los últimos días muchos vecinos y vecinas de Villaviciosa, Colunga,
Ribadesella, Langreo y Gijón me ayudaron a aclarar el oscuro paradero de
Trini y buscar a la persona o personas que faciliten las pistas.
Desde aquí, les doy las gracias por su colaboración desinteresada y por su tiempo. De momento,
todo sigue en penumbra, pero no pierdo la esperanza que algún
corazón se ablande y pida la palabra para contar lo que sabe
ante la policía, la justicia o la prensa.
Trini y Beatriz son dos seres
indefensos a las que nadie busca y muy pocos echan de menos, pero que
debían estar en la conciencia colectiva de la España de charanga y pandereta.
Finalizo con la misma pregunta: ¿quién
sabe dónde está Trini?
¡Buen camino!
miércoles, 5 de julio de 2017
El camino de Carlos I
Isolina Cueli
Hace 500 años que Carlos de Habsburgo (1500-1558) llegó a Villaviciosa
por casualidad. Era un chavalín de 17 años que había nacido en
Gante (Bélgica) y venía a España para ser nombrado rey por las
Cortes de Castilla. El turno para acceder a la corona le correspondía a su
madre, Juana de Castilla (1479-1555), reina jurada por las Cortes de Castilla y Aragón, pero la declararon loca, la
encerraron en Tordesillas 46 años y con una especie de golpe de
Estado colocaron en el trono a aquel adolescente extranjero, que no
hablaba ni español, pero que era más fácil de mangonear por la
camarilla flamenca. Con los años tuvo tiempo para demostrar que, a
pesar de su religiosidad, en su Imperio no había sitio para la
piedad con su madre y se negó a ponerla en libertad.
Escuchamos
y leemos a diario relatos sobre la memoria histórica, pero quiénes
la promocionan hoy sólo miran la Historia de reojo y apenas llegan a
los principios del siglo XX, y como no se molestan en conocer más a
fondo de dónde venimos, son capaces de ensalzar a Carlos I, como si
hubiese sido un santo, pasando por alto todos los cadáveres que dejó
a su paso. Esa memoria sí la tienen fresca en su tierra natal y
nombrar a Calos V en Gante (Bélgica) es como mentar al demonio.
Villaviciosa,
que ya se llamaba así hace 500 años, exprime la efeméride del
desembarco en Tazones con varias iniciativas que recuerdan aquel
acontecimiento y con un lema muy comprometido: "Ven a
Villaviciosa y siéntete como un rey". Y la pregunta es: ¿cómo
se siente un rey? Habría que preguntárselo estos días a Juan
Carlos I, marginado de los actos que conmemoraban los 40 años de
elecciones democráticas en España. Igual nos llevábamos una
sorpresa.
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| La ría, con Villaviciosa al fondo, desde el Camino Real. I.C. |
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| Busto de Carlos I en Yuste. I.C. |
Los
restos de Carlos I se encuentran en el monasterio de Yuste, en la
comarca extremeña de La Vera, donde acabó su tenso e intenso camino vital y
a donde llegan miles de visitantes cada año. Allí no fabrican chocolate de
renombre, pero sí son conocidos por los excelentes productos de la
huerta. El valor añadido a su economía lo da el tirón turístico
que, a título póstumo, les proporciona el rey.
¡Buen camino!
¡Buen camino!
miércoles, 31 de mayo de 2017
Cambio de década
Isolina Cueli
Nací en Priesca, tal día como hoy, hace sesenta años. Huelga decir que
cambio de década y no puedo negar que me da mucho vértigo.
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| Manzano: flor de mayo. |
Pasaron seis décadas y parece que fue
ayer cuando hacía mis primeros viajes. Tenía tres años y me
colocaban encima de los sacos terreros de la gradia, un artilugio de
pinchos con el que se alisaba la tierra recién arada. Imagino que
aquel ir y venir a ninguna parte, durante horas, es la base de mi
inquietud, curiosidad y creatividad, y también el cimiento de mis
ansias de libertad. El movimiento, aupada en aquellos sacos, un metro
por encima del suelo, en vehículo descapotable, era lo más parecido
a volar. Apenas conocía Villaviciosa, pero ya había viajado unos
cuantos kilómetros a lomos de aquel apero diseñado hacía siglos y
al paso de dos vacas que casi nunca se salían del riego, un surco
marcado por muchas generaciones. Eran los años en los que el tiempo
pasaba de otra manera, más lento. Los años en que los sabores eran
auténticos -nunca olvidaré los bocadillos de chorizo al llegar de
la escuela- y a la agricultura no hacía falta ponerle el apellido de
ecológica.
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| Gradia que conservan Maribel y Ciano en Ordiera (Sebrayo). |
Los años me enseñaron que el
pensamiento no debe tomar asiento, por eso mantengo la curiosidad por
aprender a diario alguna cosa y celebro los cumple días. También
conservo el espíritu crítico, que casi siempre es autocrítico, y,
por supuesto, no me olvido de cultivar las ganas de reirme, pese a
quien le pese. Sé que con la risa se acentúan las arrugas, pero
esos surcos del tiempo marcados en mi rostro son el reflejo de una
vida. Y si nunca fui esclava de mi físico, ni de mi imagen, a estas
alturas del calendario puedo permitirme el lujo de no ocultar ni
arrugas, ni canas, ni varices e ir en contra de los cánones de belleza
establecidos, que arrastran a tantas personas.
Acabo de estrenar década y soy
consciente que voy hacia el final de mi vida. Es el declive
inevitable, pero quiero morirme de viva, o de risa, y por eso me
niego a esperar sentada a que llegue la parca, aunque sí me propongo
ralentizar el paso.
Son sesenta años de trabajo y
sacrificios en este valle de vanidades y de lágrimas, en los que
procuré no perder la empatía hacia el prójimo. Seis décadas de
relativa paz en España que pasaron como un fogonazo, aunque si las
miro con detenimiento, dieron para mucho. Tengo la suerte de tomar la
opción que más me gusta, casi siempre distinta a la del rebaño,
pero un lujo que no me canso de saborear. La experiencia me dice que
para ser feliz no importa la edad, sino la conformidad, y a los
sesenta no perdí la capacidad de apreciar las pequeñas cosas.
Me encanta estar sola, -llevo la
soledad en el nombre- pero en las alforjas de la vida conservo un
grupo de amigas y amigos que me hacen el camino más llevadero. Y,
por supuesto, están los parientes, que me arropan. No se puede pedir más. Con todas y todos, y con
usted que llegó hasta aquí en la lectura, comparto estos versos de
Antonio Machado: "Caminante, son tus huellas/ el camino y
nada más;/ caminante, no hay camino,/se hace camino al andar./ Al
andar se hace camino,/ y al volver la vista atrás/ se ve la senda
que nunca/ se ha de volver a pisar./ Caminante, no hay camino,/ sino
estelas en la mar."
¡Ultreia!miércoles, 3 de mayo de 2017
Ahora les toca a les patates
Isolina Cueli
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| Competición de burros al final de la jornada. (I.C) |
![]() |
| Patatas caseras, de siembra. (I.C) |
Los políticos de finales del siglo XX
bautizaron Asturias como el paraíso natural pensando en los
turistas. Y sí, entonces había un paraíso, porque teníamos miles
de jardineros que cultivaban y cuidaban a diario ese paraíso. Me
refiero a los agricultores y ganaderos que se dejaban las espaldas en
el trabajo de sol a sol. Mientras, otros, en los despachos, con mucho esfuerzo y tesón, consiguieron acabar con el medio rural y hoy el paraíso es un gran
matorral, salvo contadas excepciones.
Y en esas excepciones están las
pequeñas huertas, la mayor parte para consumo doméstico, que aún
se mantienen, gracias a los románticos de la fesoria que disfrutan
con sus cultivos. Uno de esos cultivos, a pequeña escala, era la
patata y ahora también la están demonizando y acabarán con ella y
con la paciencia de la gente de los pueblos. El colmo que les faltaba
es tener que pedir permiso para sembrar patates. No alcanzo a ver el
trasfondo de este intervencionismo de los poderes fácticos. Creo que
ni los propios políticos de ahora deben saber a dónde nos lleva
este lío de la enfermedad de les patates. No sé si saben que éste
tubérculo y quiénes lo cultivan, conviven hace muchos años con el
escarabajo de la patata. Y el buen hacer de los cultivadores
consiguió sacar adelante unas cosechas de primera. Ahora se acaba de
descubrir una enfermedad nueva (aunque ya existe hace años) y como
soy de pueblo, y desconfiada, no me puedo creer que estemos ante un
problema inocente. No voy a hablar de conspiración, pero sí de
tomadura de pelo.
Gracias a la tierra y el clima de
Asturias, podíamos ser una potencia en producción de patatas de
primera calidad, pero nos permitimos el lujo de importarlas y son
como remolachas -cuando compre patatas pregunte de dónde vienen-. Ni
los cocineros le dan el lugar que se merece la patata cultivada en
Asturias. Quien haya probado una patata asturiana notará la
diferencia sobre el resto y, aunque sea en pequeñas cantidades y
casi por casualidad, aún se pueden encontrar en tiendas de
agricultura ecológica, salvo que una mano negra quiera que dejemos
de cultivar las patatas de aquí y tengamos que volver a comprarlas
en América, de donde llegaron hace casi 500 años.
Acabamos de enterarnos que en Estados
Unidos se van a plantar pomaradas de variedades asturianas de manzana
de sidra. Eso sí, las tuvieron cinco años en cuarentena antes de
darlas de paso, para asegurarse que no les contagiábamos ninguna
plaga. Algunos lagareros pusieron el grito en el cielo. No quiero
pensar que dentro de unos años tengamos que importar la manzana de
sidra de Michigan (USA). Con la manzana de mesa ya pasó. Recuerdo
que en los setenta, en Priesca, se cogían a mano miles de kilos de
manzana de mesa -mingán y reinetas- que se presentaban en cajas de
madera, con una cama de hierba o paja, y se vendían por camiones a
compradores de Lérida. A la vuelta de muy pocos años, y casi sin
avisar, los de Lérida empezaron a mandarnos toneladas de manzanas
golden, y hasta hoy. Entre tanto, la de mingán, desapareció.
¡Buen camino!lunes, 24 de abril de 2017
María Zambrano, paso a paso
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| Dedicatoria del Libro Claros del Bosque. (I.C) |
En su libro Claros del Bosque, dedicado a su hermana Araceli, se puede leer: "Y queda la nada y el vacío que el claro del bosque da como respuesta a lo que se busca. Mas si nada se busca, la ofrenda será imprevisible, ilimitada". Y María, que no buscó laureles en vida, a pesar de todas las penurias económicas que sufrió y que superó gracias a la ayuda de muchos amigos, va recuperando poco a poco, paso a paso, esa ofrenda imprevisible e ilimitada. Y gestos como el de Google de estos días son la forma de mantener viva su memoria y su obra.
Tuve la suerte de cuidar a María Zambrano los tres últimos meses del año 1981. Su primo Mariano, que la acompañaba en la avenida de Secheron, en Ginebra, estaba ingresado en un hospital y necesitaban una persona para sustituirle. Bernardino Fernández, presidente del Centro Asturiano de Ginebra, pensó en aquella periodista, de prácticas en La Nueva España, que le había pedido trabajo en el verano. Ya había empezado el curso, pero en menos de veinticuatro horas llegué a la estación de tren de Ginebra donde me esperaban, además de Bernardino, el poeta José Ángel Valente (1929-2000), albacea de María, y su primo Rafael Tomero Alarcón, hermano de Mariano. Tenía 24 años y cuando me explicaron lo que debía conseguir de María era para echar a correr, pero me quedé y afronté el reto. Nunca me arrepentí. Había recibido la consigna de ser estricta con ella e imponerle disciplina para comer, para escribir y para caminar o dejar de fumar, entre otras muchas cosas. Creo que no conseguí ni la mitad de los objetivos, pero siempre me quedó la satisfacción de haberlo intentado. Unas veces me tocó ser estricta, otras cedía a sus caprichos, y así fuimos caminando durante tres meses, paso a paso. ¿Quién era yo para imponer nada a María Zambrano? Pero había adquirido ese compromiso, así que fui dando una de cal y otra de arena. Siempre creí que no le gustaba la comida que le hacía, pero cuando, años más tarde, la visité en Madrid, se acordaba de mis croquetas. ¡Toda una sorpresa!
Acababan de concederle en Asturias el Premio de Comunicación y Humanidades, el premio Ullán, como ella le llamaba, en referencia a su amigo José Miguel Ullán (1944-2009), al que le suponía alguna mediación en ése reconocimiento y estaba emocionada de que en España apreciasen su trabajo intelectual. Sería el primero de una larga lista de homenajes. Además, el Centro Asturiano medió para que la nombrasen hija adoptiva de Asturias, una tierra que había conocido con La Barraca y de su amistad con Pedro Caravia (1902-1984), profesor de Filosofía y crítico de Arte.
María Zambrano vivió casi todo el siglo XX y contribuyó, con otras muchas mujeres, a poner los cimientos de los Derechos que disfrutamos hoy, entre ellos el derecho al voto.
Fue en la Navidad del 81 cuando me despedí de ella con un ramo de rosas rojas y amarillas. Nada más verlas se echó a llorar. Tenía en su mano, en forma de rosa, los colores de la bandera de su país, al que no regresaba desde hacía cuarenta años. No eran los colores de la República que había defendido, pero eran los colores de la bandera constitucional de la España democrática, que daba los primeros pasos y en la que tenía puestas sus esperanzas.
Gracias al buen hacer de sus amigos, consiguió volver a España, antes de su muerte en 1991.
Espero y deseo que aún le queden a María Zambrano muchas más citas y reconocimientos a su obra.
Yo recordaré siempre aquellas noches frente a la luna llena, con el lago Leman en primer plano, o los momentos en los que se quedaba ensimismada ante la llama de su mechero.
¡Buen camino!
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