domingo, 11 de septiembre de 2022

¿Estamos preparados para ser más pobres?

Isolina Cueli                                                                                                                               No se trata de aguar las fiestas a nadie, pero sí de llamar la atención sobre el momento que vivimos y preguntarnos si estamos preparados para hacerle frente.                                    
Según todos los indicadores económicos, nos esperan tiempos difíciles, y, según los expertos, seremos más pobres. Para comprar lo mismo, necesitaremos más dinero y, si no lo tenemos, ahí es dónde entra la economía de guerra. Y de economía de guerra sabemos bastante quiénes pasamos de sesenta años, aunque la mayoría no hayamos sufrido una guerra.      Economía de guerra es la economía del sentido común y de la austeridad. Es la economía del reciclaje, cuando a una prenda de ropa se le dan, al menos, tres usos: para vestir arreglado, para diario y como trapo de limpieza. En la economía de guerra nunca se tira comida. En esa misma economía, los libros de texto tienen vida y entidad propia. Lo que se dice durante un curso, sirve para el año siguiente y el otro, de esta forma pueden utilizar el mismo ejemplar varios hermanos, primos, o vecinos.                                                                                              Esta economía se practica en la mayor parte del mundo, aunque nosotros nos estemos alejando de ella porque, presuntamente, nuestro PIB (Producto Interior Bruto) nos sugiere que somos ricos.                                                                                                                                          No soy economista, ni bióloga o médico, sino una agricultora de Priesca, venida a periodista, que intenta estar bien informada, aunque no lo consiga. Es muy complicado separar el grano de la paja y te cuelan noticias falsas por donde menos lo esperas. De todas formas, creo que tengo claro de dónde venimos, porque lo viví y dónde nos encontramos, porque lo estoy viendo, pero, a pesar de los expertos y de los indicadores económicos, no tengo ni idea hacia dónde vamos. Por si acaso, intento hacer economía de guerra para que la realidad no me coja con el pie cambiado. No necesito que ningún mandatario me recuerde que soy pobre y que no puedo ni debo gastar por encima de mis posibilidades. Tampoco dependo de influencer o youtuber que me digan lo que debo hacer, comprar, ver, decir o pensar.                                    A pesar de los buenos propósitos para administrar mi pobre economía, las presiones hacia el consumo y el derroche son difíciles de salvar. Es un bombardeo constante para crearme necesidades que ni me había planteado.                                                                               Tengo un coche viejo que soluciona mis problemas de desplazamiento, pues resulta que a ciertas administraciones ya les molesta (dicen que contamina) y puede que me obliguen a cambiar de vehículo, cuando para hacer un coche nuevo se dan cientos de pasos que contaminan mucho más que el viejo. Me refiero a la minería y la siderurgia tradicional que hacen falta para la chapa; el petróleo para las ruedas y otros elementos de plástico, sin olvidar los destrozos ecológicos para conseguir los minerales y tierras raras que se utilizan en la fabricación de los microchips que vienen de Asia, por no hablar de las baterías, en el caso de los coches eléctricos.                                                                                                              Hace cincuenta años ayudé a Luisa, mi modista de cabecera en Priesca, a hacer una falda de volantes que este año está de rabiosa actualidad. Esa falda, a pesar del las cinco décadas, aún no pasó a la fase de ropa de diario, y mucho menos, a la de trapo, pero hay que tener mucho valor para no sucumbir a la influencia externa que te incita a cambiar de ropa cada semana, con prendas de usar y tirar, como una colilla. Te enseñan por todas partes fotos de tontitas y princesitas que se cambian de modelo a diario y que tratan de influir (muchas veces lo consiguen) en madres e hijas con poco criterio que agotan existencias a ver si el vestido de marras las convierte en tontitas o princesitas.                                                                  Tampoco ayuda mucho a mantenerse en la economía de guerra el mal ejemplo de despilfarro de gobiernos de toda clase y condición. Hace pocos días vino a mi casa un funcionario de un Ministerio de Madrid para llevarme un impreso que debía cubrir y entregar en una oficina del Principado. Como son demasiados, se reparten el trabajo. Unos entregan el papel y otros lo recogen. Y lo más llamativo de la visita es que el funcionario llevaba el nombre de un Ministerio en la camisa y otro distinto, en el pantalón. En realidad es el mismo Ministerio, pero como sus jefes cambian el nombre casi cada año, a los funcionarios no les da tiempo a gastar las prendas y, con mucho sentido común, las reutilizan. Cambiar el nombre de un ministerio supone cuantiosísimos gastos y una contaminación mucho mayor que la de mi coche. Son miles de sobres, papel de carta, uniformes, señalización en fachadas y carreteras, rótulos en todas las dependencias de la Administración, su parque móvil y mil pamplinas más que hay que modificar.                                                                                                                  Otro detalle que está a la vista de todos es el enorme derroche que supusieron y suponen para las arcas publicas los "plumeros de la pampa", que se plantaron como ornamento en todos los tramos de la Autopista del Cantábrico y cuando estuvieron bien enraizados, las misma autoridades, u otras parecidas, se enteraron de que los plumeros eran plantas invasivas y ahora se están gastando un dineral en arrancarlos. Mucha gente piensa que los plumeros llegaron solos a la autopista, que fueron los coches quiénes repartieron las semillas por los taludes. Pues no, los plumeros los compró el Ministerio de turno y se plantaron con mucha simetría y cuidado, pero como no se hace el mantenimiento adecuado, se propagan como los matorrales, aunque los escayos no les molestan tanto y tenemos Asturias como el gran matorral.                Un ejemplo de derroche que afecta directamente a la Villa es el asunto de los porréos, unas tierras fértiles, ganadas a la Ría a mediados del siglo XIX, vendidas a particulares por la reina Isabel II y dedicadas a la agroganadería durante más de 150 años. Ante la prohibición de reparar los muros de las cárcobas por parte de las autoridades competentes, repartidas entre ministerios y consejerías, las tierras están hoy inundadas por el agua salada, con dos mareas diarias, e inhabilitadas para cultivo. Curiosamente, se salvó un porréu, el de Busto, sobre el que se construyó toda la ampliación del casco urbano de Villaviciosa, en la zona de El Pelambre.                                                                                                                                        Parece que el Ayuntamiento acaba de encargar un estudio sobre el papel de los porréos. Tengo verdadera curiosidad en conocer el veredicto de los sabios. Yo les habría preguntado a los vecinos de Tornón, Sebrayo, Selorio, San Martín del Mar, Carda o Bedriñana que viven y conviven desde tiempo inmemorial con la Ría, su flora y fauna.                                        Quiero terminar con un particular homenaje a los empresarios autónomos, muchos de ellos presentes en éste programa de fiestas, que son un ejemplo de superación y supervivencia. Toda mi admiración para quien es capaz de crear o inventarse su puesto de trabajo como autónomo. Y me quedo sin palabras para calificar a aquellos que, además, emplean a otras personas. Son el alma de la sociedad más cercana; la luz y vida de las ciudades y no podemos darles la espalda hipnotizados por los cantos de sirena que nos llegan de esas empresas monstruosas, sin alma, que nos quieren en casa, como parásitos, esperando la visita de su repartidor de turno.                                                                                                                     La respuesta a la pregunta ¿estamos preparados para ser más pobres? nos la pueden dar los autónomos y empresarios en general, ejemplo de superación, que saben perder para ganar, ahorrar para invertir y hacer economía de guerra en tiempo de vacas flacas.
(Texto publicado en el programa de fiestas de Villaviciosa. Setiembre de 2022)


jueves, 16 de junio de 2022

¿Estamos preparados para el gran apagón?

Isolina Cueli
Muchas gracias a la Asociación de Vecinos La Capilla de Poreñu por invitarme a participar en estas Octavas jornadas culturales 2022 y, por supuesto, muchas gracias a todos ustedes por asistir. Me van a permitir que recuerde, a título póstumo, a Mersi Martínez, compañera de Colegio hace más de cincuenta años.

El encabezamiento de ésta intervención pregunta si ¿estamos preparados para el gran apagón?
Lo primero que habría que plantear es: ¿qué es el gran apagón? Un interrogante que suena apocalíptico y a fin del mundo. Si se produjese ese apagón, no sería el fin del mundo, no se apagaría el sol, pero sí se podrían apagar esas otras lucecitas a las que estamos tan acostumbrados y que nos mantienen deslumbrados. En el trasfondo de ese gran apagón, de esa oscuridad, estaría nuestro modo de vida actual, tanto en los pueblos como en las ciudades, ya que todos somos demasiado urbanitas, por mucho que vivamos en el medio rural. Y es ahí donde hace hincapié la pregunta de si estamos preparados para vivir sin esas comodidades y esos lujos a los que nos hemos acostumbrado. 
Y entiéndase por lujo, comer todos los días (podría pasar, de hecho pasa, que falten alimentos básicos para la población. El Primer Ministro italiano, Mario Draghi dijo hace poco que se acerca una crisis alimentaria de proporciones gigantescas. Parece anecdótico, pero en Estados Unidos no hay leche infantil en las tiendas o farmacias, leche de fórmula, como se conoce allí. Aquí, en España, todos recordamos el desabastecimiento en los primeros meses de la pandemia, o más cerca, con el paro de los transportistas); también es lujo tener un techo para vivir y energía para cocinar y calentarse, para alumbrado público o privado (Se sabe que si seguimos consumiendo desmesuradamente energías fósiles como carbón, petróleo y gas vamos a acabar muy mal, ya que influimos directamente en el cambio climático. Mejor dicho, vamos a acabar con la vida en la Tierra. Y acabar con la vida en la Tierra nos afecta directamente. Acabaremos con nosotros mismos. Lo dijo estos días el fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado: "El planeta no está en peligro, es el ser humano el que está en riesgo de desaparecer". De ahí que, entre otras cosas, tendríamos que bajar ese ritmo de consumo energético). Siguiendo con los lujos, entiéndase por lujo tener agua corriente y, además, potable. El agua es un bien escaso. Cada vez está más contaminada por el nitrato de los fertilizantes; por el veneno de los herbicidas o las partículas perfluoroalquiladas, PFAS, por sus siglas en inglés, partículas calificadas de indestructibles o contaminantes persistentes y de las que es imposible escapar. Se inventaron en 1938 y el primer uso fue como agente antiadherente en el teflón. Desde entonces están en todas partes, incluida el agua dulce y salada. En temas marinos ya se habla de una nueva partícula que es el plastiplancton. También es lujo tener un trabajo remunerado o disponer de tiempo libre para perderlo de manera ociosa; y es súper lujo tener acceso a la Sanidad y Educación universal o disponer de pensiones de jubilación.
Todos nos podríamos hacer la pregunta de si ¿estamos preparados para prescindir de alguno de esos lujos; si podríamos vivir sin ellos?
Yo, que no soy ni adivina, ni científica, ni divulgadora, ni política, podría aventurarme a decir que quiénes somos de pueblo y tenemos un poco más de callo en las manos, aunque mucho menos que nuestros antepasados, podríamos sobrevivir a la falta de alimentos del exterior, como sobrevivieron ellos, con una economía de subsistencia, aplicando el autoconsumo y el trueque. La luz la podríamos apañar con candil; el fuego, con cocina de leña, o si vamos más atrás, con trévedes; y el agua, yendo con un caldero a la fuente. Más duro sería no tener un ambulatorio a mano y un hospital o una escuela cerca. El ocio lo podíamos solucionar yendo a limpiar cunetas en la sexta-feria, o sea el sábado.
Imagino que nadie de ustedes se quisiera ver en ninguno de estos escenarios que nos llevan al pasado y de los que, la mayoría, huimos en cuanto se nos presentó la ocasión.
Pues ese tiempo pasado podría volver, y no lo digo yo, lo dicen los que saben. De ahí la pregunta, ¿estamos preparados para afrontar la catástrofe?
Siempre me presento como una agricultora venida a periodista. Como agricultora no tengo argumentos para vaticinar el futuro, más o menos lejano, más o menos incierto, pero como periodista sí tengo las herramientas y la formación necesarias para conseguir los datos y las opiniones de expertos en la materia que nos ocupa.
Todos ustedes recordarán el llamamiento del Gobierno de Austria en el otoño pasado, hace menos de un año, advirtiendo a sus ciudadanos de que estuviesen preparados para un posible apagón. Les recomendaba tener comida y medios de subsistencia para 72 horas, o sea tres días. Creo que el gobierno austríaco se quedaba corto, porque si se diese un gran apagón, imagino que será de más larga duración. Al margen del tiempo que dure, es muy significativo que el Gobierno de un país rico diese ese paso de concienciación masiva. Esta alarma que pulsó Austria se produjo antes de la invasión de Rusia a Ucrania. Y cual no sería mi sorpresa que, el miércoles, cuando estaba preparando esta intervención, me encuentro con la noticia de que Alemania, a través de su Ministerio del Interior, también acababa de hacer el mismo llamamiento a sus conciudadanos para que se preparen ante un presunto desabastecimiento, en caso de un posible gran apagón. Alemania recomienda tener víveres y medios de subsistencia para diez días. También me parecen pocos, pero creo que es una manera de concienciar a la gente. Ahora el peligro está más cerca, porque tenemos la guerra a las puertas de casa y las consecuencias de la guerra ya nos tocan de lleno. Alemania también recomienda potenciar las redes vecinales. En Poreñu el consejo está de más, porque creo que sois ejemplo de un buena red vecinal, aunque imagino que siempre se puede hacer más.
En el fondo, la iniciativa de Austria y Alemania es un llamamiento a todos los países del mundo para ser más precavidos, aunque el resto de gobiernos, incluido el nuestro, no se atrevan a abordar el problema de frente y decirnos a todos que somos pobres y que podemos serlo más. Que tenemos que hacer economía y eso empieza por consumir todos -gobiernos y ciudadanos- con conciencia y con responsabilidad. Curiosamente, en España vamos en la dirección contraria del consumo responsable. Un ejemplo son las subvenciones a la gasolina por la subida del petróleo. Tenemos la suerte de que Papá Estado, en vez de decirnos que no podemos ir de vacaciones, porque la gasolina está muy cara, lo que hace es darnos una propina de 20 céntimos en litro para tenernos contentos y que nos echemos a las carreteras, sin pensar en apagones, ni en estrecheces. Es el mundo feliz que escribió Aldous Huxley en 1932 y en el que estamos inmersos sin enterarnos. Y eso es un mérito de éste y de todos los gobiernos, desde el de Estados Unidos, a Putin y, por supuesto, al súper gobierno que es la cumbre de Davos, a la que asisten los que verdaderamente mueven los hilos de las marionetas que somos todos nosotros, incluidos los políticos. Parece que se preocupan de nosotros, pero lo que hacen es tomarnos las medidas para machacarnos un poco más. Ya lo dijo Celine, el escritor francés que vivió dos guerras mundiales: "Os lo digo, infelices, jodidos de la vida, vencidos, desollados, siempre sudorosos; os lo advierto: cuando los grandes de este mundo empiezan a amaros, es porque van a convertiros en carne de cañón".
¿Qué hicieron en el encuentro de Davos de este año?, pues hasta donde nos contaron, en el caso de España, comprar o vender España -según se mire- para colocar paneles en los terrenos más soleados y molinos en los montes más ventosos. Se trata de que sigamos gastando a lo bestia, ahora con energía solar y, claro, por eso nos van a obligar a comprar coche eléctrico. Sí, sí, van a conseguir que la España vaciada se llene, pero en vez de agricultura y agricultores, habrá huertos de placas metálicas que, en pocos años, se convertirán en chatarra. 
Leo un titular del diario El País que asusta sólo con verlo, dice así: "Los colosos energéticos europeos riegan España con miles de millones en su apuesta por las renovables".
Ya es bien curioso que un Gobierno que se le llena la boca criticando a las eléctricas para quedar bien con sus parroquianos, ahora les vaya a dar carta blanca no sólo a las eléctricas nacionales, sino a las de toda Europa, donde escasea el sol, para que se hagan con la España vacía.
Pablo Servigne y Raphaël Stevens son dos divulgadores franceses, autores del libro Colapsología, que predican urbi et orbe todos los problemas en los que estamos inmersos y apuntan algunas soluciones para superarlos, pero son medidas muy impopulares. Dicen que , "al igual que los toxicómanos, los demás mortales también tendríamos que abandonar drogas como el petróleo, el PIB y la riqueza" y añaden que "en nuestra sociedad muy pocos sabrían sobrevivir sin supermercados, tarjetas de crédito o gasolineras".
Como decía antes, nosotros, los que somos de pueblo, es posible que pudiéramos vivir así, por supuesto con esfuerzo y sacrificio, dos formas de entender la vida muy criticadas en esta época del, aquí me las den todas, en la que prima conseguir las cosas sin esfuerzo y sin sacrificio. Pues si nos ponemos en modo antepasados es posible que nos adaptáramos a esa otra forma de vida, más lenta y más real, aunque mucha gente lo pasaría francamente mal en ese modo lento, slowly, como dirían los ingleses. 
El gran apagón no tendría que verse como una tragedia, sino como una forma de vivir más tranquila, más relajada y más autónoma, como vivían en Poreñu hace cien años, o, si quieren, sesenta. Cuando se iba a la Villa una vez a la semana, como mucho. Cuando se estrenaba ropa una vez al año, casi siempre hecha en casa, y cuando se cocinaba con leña y se comía lo que se producía y aquello que se conservaba y guardaba para el año. Esas reservas eran la carne del cerdo, en sal o curada; chorizos y morcilla embutidas y curadas; fabes, de todos los colores; maíz, trigo o escanda, para el pan y la harina; salsa de tomate, la miel; manzanas, nueces, castañas, avellanas, todo eso que hoy se pierde en los árboles, o que está invadido por los matorrales. Por supuesto, sidra, para dos años.
Bueno, pues según los que saben, ahí tendríamos que volver para que este hogar llamado Tierra, que nos da de comer y de beber, soporte nuestra presión. Pero ¿quién le pone el cascabel al gato, cuando los gobiernos sólo saben hablar del Producto Interior Bruto, el famoso PIB, y sólo piensan en gastar y en animarnos a gastar y a consumir como termitas?
Consiguieron hacernos consumidores insatisfechos, hasta el punto que ahora ya no se habla de moda de temporada, sino de moda de la semana. Es escandaloso, pero ahí están muchos jóvenes y no tan jóvenes, comprando y tirando sin pararse a pensar en lo que hacen. Siempre que puedo cito una frase del libro El Fin del trabajo, de Jeremy Rifkin, un autor americano que cuenta cómo unos ejecutivos se plantean el objetivo de conseguir que "los lujos de los ricos se conviertan en necesidades de las clases más pobres", y estarán conmigo que lo han conseguido desde el momento que los pobres ya podemos hacer cruceros, tener vacaciones en las antípodas; coches de alta gama; comer en restaurantes de lujo; comprar televisiones que casi no nos caben en casa y hacernos la cirugía estética, aunque nos destrocen.
Es curiosa la recomendación de Warren Buffett, el dueño de Wall Mart, la cadena de supermercados americana. Nos dice que antes de comprar algo nos hagamos la siguiente pregunta: ¿qué me pasaría si no lo compro? Si la respuesta es que no me pasaría nada, el consejo es que no lo compres, porque no lo necesitas.
Pues con esta máxima tendríamos que hacer todas las compras de nuestra vida. ¡Queremos ganar más para comprar más cosas que no necesitamos! Es un desatino, como desatino y vergüenza es que los ricos se gasten cientos de euros en un pantalón roto. Estamos metidos en esta dinámica, pero también se puede salir de ella. Todos podemos aportar nuestro grano de arena, por cierto, la arena también es un bien escaso, cada vez hay menos y esa despensa tarda millones de años en reponerse.
Es recurrente la metáfora del gorrión que, encima de un gran incendio, suelta un gota de agua que lleva en el pico. Y a la pregunta de si cree que sirve para algo, contesta: "yo hago mi parte".
Pues todos nosotros, hombres, mujeres, más jóvenes o más viejos, todos podemos hacer nuestra parte y aportar el valor añadido del sentido común que tanta falta hace.
Como periodista, tengo que hacer autocrítica del gremio y lamentar el tipo de periodismo que se hace en muchos casos y en muchos medios, un periodismo que se queda en la anécdota, sin espíritu crítico.
Supongo que, al igual que yo, muchos de ustedes se preguntarán, a dónde vamos a parar. Pues creo que vamos a parar a un precipicio, pero no es un acantilado brusco por el que nos despeñamos, no. Vamos cayendo poco a poco, sin enterarnos. Un ejemplo muy gráfico es el de la rana que metes en agua hirviendo y sale de allí de un salto. Pero si a esa misma rana la metes en agua fría y le vas calentando el agua poco a poco, acaba cocida y ni se entera. Pues nosotros estamos en ese cocimiento a fuego lento y para distraernos del precipicio nos dan migajas -entiéndase subvenciones, ayudas, limosnas- que cogemos alegremente sin mirar de dónde salen.
El Foro Económico Mundial propuso en el año 2020 un plan de choque al que llama el Gran Reinicio, o gran reseteo. Nos viene a decir que tenemos que repensarlo todo y replantearnos todo antes del año 2030, ¡que ya está ahí!. Que tenemos que aprender a vivir con menos, a ser más autosuficientes.
En la misma línea, Joaquín Chellnhuber, alemán nacido en 1950 y autoridad mundial en cambio climático dice que "si seguimos por la vía actual, existe un muy alto riesgo de que, sencillamente, pongamos fin a nuestra civilización. La especie humana sobrevivirá de un modo u otro, pero drestruiremos casi todo lo que hemos construido a lo largo de los dos últimos milenios".
En Poreñu, o en Priesca, no nos damos por aludidos cuando se habla de contaminación o especulación, porque contaminamos y especulamos más bien poco, y también sabríamos vivir con menos, pero hay mucha gente que no tiene ni los medios ni la aptitud para cambiar el ritmo de vida, ni para salir del bucle en el que está metida. Aunque, en mi pueblo decimos que discurre más un necesitado que un abogado y, es posible que si el hambre apremia, la gente agudice el ingenio y salga adelante con la máxima: menos es más.
Dice Miguel Delibes, hijo, que "le hemos saltado las costuras a la Tierra y que la senda a seguir es la del buen vivir, pero sin un consumo excesivo". Es la receta perfecta, pero muy difícil de cocinar.
El gran apagón también puede ser ese virus informático que nos deje a todos indefensos y a la deriva. Si tenemos en cuenta nuestra dependencia de los microchips, es fácil imaginar cómo quedaríamos.
En una situación así, de apagón, creo que saldrán mejor parados quienes tengan los pies en la tierra y las manos en la azada, en vez del móvil, y en Poreñu, de momento, hay azadas y fesorias.
Tendrían que recordarnos todos los días que los recursos de éste hogar llamado Tierra son finitos. Hasta ahora tiramos del petróleo, el gas y el carbón, energías fósiles que perjudican la capa de ozono, y tratamos de sustituirlas por energías renovables, como la solar y la eólica. En este momento, muchos se están peleando por los terrenos para huertos solares y molinos de viento. Es una plaga que no hizo más que empezar. Ahora vamos a hacer huertos con plantones de placas solares y repoblar montes con postes metálicos para molinos de viento. ¡No tengo ni idea qué vamos a comer!
Con la guerra, me enteré que nuestro granero, y el de medio mundo, era Ucrania y esa reserva se acaba de estropear para unos años.
Los antiguos estoicos, en la civilización griega, resumieron su filosofía de vida en una frase que consistía en: "Vivir de acuerdo con la naturaleza". Eso suponía ir al paso de la naturaleza. Hoy, hasta la Filosofía está mal vista y lo de pensar está pasado de moda. Nos quieren zombis, no les interesa que tengamos criterio ni espíritu crítico. Pero creo que aún hay esperanza mientras se encuentren grupos con iniciativa, como es el caso de los vecinos de Poreñu. Gente con los pies en la tierra y la vista en el horizonte, que sabe mirar a su alrededor, contemplar la naturaleza en su día a día para sacar lecciones de vida.
En nuestra cultura, y nuestra religión, partimos de una premisa muy egoísta, que es colocar al ser humano en la cúspide de las criaturas de la Tierra, en considerarnos lo más, cuando, en realidad, aún nos faltan millones de años por evolucionar. Sólo tenemos que mirar a un ternero, que a los cinco minutos de nacer es autónomo para caminar y comer. O un planta, que es autónoma y autosuficiente. Muy distinta es la concepción del humano en los saberes indígenas de algunas tribus de América, según nos cuenta Robin Wall en su libro Una trenza de hierba sagrada. Para ellos el ser humano es "el hermano pequeño de la Creación", la criatura que menos experiencia tiene de la vida y la que más tiene que aprender del resto de las especies, que llevan aquí mucho más tiempo que nosotros.
Sí, podemos decir que nosotros somos más listos, que tenemos inteligencia, pero yo creo que no hay nada más listo que un cuervo o un mirlo de los que andan por ahí robando cerezas y nada más inteligente que una araña que echa su red y espera que llegue la comida.
Esta intervención la había apalabrado con los responsables de la Asociación Capilla de Poreñu a principios del año 2020. La peste que nos vino impidió este encuentro en dos años. En aquel entonces estaba muy reciente una intervención mía en la que hablaba sobre el medio rural. Habíamos pensado que podría ser interesante pasar el video de diez minutos en este acto. Quien tenga interés puede verlo en internet con mi nombre y la apostilla: el campo en diez minutos. Así que, para no aburrirles más, les puedo resumir los diez minutos en cinco palabras: "que lo dejen en paz".
Lo dije bien alto, ante un auditorio de gente que tiene los medios para dejar al campo en paz, que dejen de legislar para el campo, que dejen de poner trabas, que dejen de dictar reglas, que lo dejen ir a su paso, al paso de la naturaleza, pero no, no son capaces, se aburren mucho en sus despachos con aire acondicionado y entonces lo que hacen es aburrir a la gente y echarla del campo.
Ayer leía el contenido de un encuentro en Oviedo de doctos eruditos del campo y llegaron a la conclusión que la manzana y la sidra tenían que ser el motor del campo. Pues la sidra, en la Villa ya era el motor hace cien años. En los libros de ventas de mis antepasados de la tienda Les Cachuches, en 1924, o sea hace un siglo, se exportaba sidra a Buenos Aires, Río de Janeiro, Caracas, Montevideo y La Habana, por valor de cientos de miles de pesetas.
La burocracia está reñida con todo, pero con el medio rural ¡más!
Y antes de terminar, quiero recordar a todos los hombres y mujeres del campo que nos precedieron, nuestros antepasados. Nosotros también seremos antepasados y tenemos que plantearnos cada día qué legado les dejamos a los que vienen detrás y actuar en consecuencia.
También quiero traer a esta mesa el trabajo abnegado y silencioso de las mujeres del campo, que casi tenían el don de la ubicuidad, sin menospreciar el de los hombres, muy duro y también a jornada completa. Pero aquellas mujeres eran polifacéticas estaban en todos partes, en la casa y en la cuadra; en la huerta y en la finca; haciendo comida y lavando; cosiendo; criando hijos y cuidando viejos. Afortunadamente, también se sabían divertir.
Thomas Jefferson, el tercer presidente de los Estados Unidos, que gobernó hace 200 años, publicó un decálogo de vida que, a modo de conclusión, me gustaría recordar aquí y que dice así:
1-Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
2-Nunca molestes a otro por lo que puedas hacer tú mismo.
3-Nunca gastes tu dinero antes de tenerlo.
4-Nunca compres lo que no quieres, sólo porque es barato; nunca será lo que querías.
5-El orgullo nos cuesta más que el hambre, la sed y el frío.
6-Nunca te arrepientas de haber comido muy poco.
7-Nada es problemático si lo hacemos voluntariamente.
8-Toma siempre las cosas por el lado bueno.
9-Cuando estés enfadado cuenta hasta diez antes de hablar; si estás muy enojado, cuenta hasta cien.
10-No sufras por males que todavía no han sucedido.
Parafraseando el apartado número diez de Thomas Jefferson, no vamos a sufrir por males que no han sucedido, como es el gran apagón, pero sí podemos hacer muchas cosas para evitar que suceda, o para estar preparados y hacerle frente. Pues ya lo dice el refrán: ¡Para con Dios hay que tener por el  carro!     Muchas gracias y buen Camino a todos y todas


sábado, 8 de agosto de 2020

Casaldáliga, el misionero español que intentó ser libre en Brasil

ccccccc
Isolina Cueli
En noviembre de 2019 visité en Sao Félix de Araguaia (Brasil) al misionero claretiano español Pedro Casaldáliga (Barcelona, 1928). Toda una institución en América y uno de los impulsores de la Teología de la Liberación en el continente. Llegué a Casaldáliga de la mano del misionero y pintor Mino Cerezo Barredo, asturiano y su compañero de fatigas en la Prelazía de Sao Félix, en la que intentaron dar voz a los sin voz y tierra a los desterrados.
Acabo de enterarme que Casaldáliga falleció en su tierra de acogida y me gusta compartir el recuerdo y las fotos que me hizo Leonor Suárez, periodista de la TPA con quien viajé para seguir los pasos de Mino Cerezo a través de sus murales pintados en las iglesias parroquiales pertenecientes a la Prelatura de Casaldáliga.
Pedro Casaldáliga estuvo atendido hasta su muerte por la comunidad de Agustinos que permanece en Sao Félix, compuesta por José Saraiva -en la foto superior, a la derecha- Félix Valenzuela e Ivo Cardozo, excelentes anfitriones con las periodistas asturianas.

 Imagino que Leonor y yo habremos sido de las últimas periodistas en visitar a Pedro, como le llama Mino Cerezo. Allí vimos una parte de su obra en Brasil, tanto la puramente laica, como es la Asociación de Educación y Asistencia Social, como la religiosa, con iglesias y ermitas repartidas por los poblados más remotos como Santa Teresiña o Luciara, aguas arriba del río Araguaia.
Hace poco me regalaron varios libros sobre la vida y obra de Casaldáliga, que es intensa y extensa. Están escritos por Benjamín Forcano, que lo describe como poeta, místico y profeta. Me voy a quedar con este poema:
Yo me atengo a lo dicho: 
La Justicia, /a pesar de la ley y la costumbre, / a pesar del dinero y la limosna.
La humildad, /para ser yo verdadero.
La libertad, /para ser hombre.
Y la pobreza /para ser libre.
La fe, cristiana, /para andar de noche, /y, sobre todo, para andar de día. /Y, en todo caso, hermanos,/    yo me atengo a lo dicho: /¡La Esperanza!

                                                                   

miércoles, 1 de abril de 2020

¡Adiós a Ramonín el cachuchu!


Isolina Cueli
Me asombra que aún haya gente que eche de menos mi presencia en las rede sociales, o en El Fielato. Cuando me preguntan el motivo de mi ausencia, siempre respondo que ya está todo escrito y dicho, que lo único que nos falta es HACER. Pero estos días me di cuenta de que aún me quedaba algo por escribir y era ésta despedida a Ramonín el cachuchu, mi padre, fallecido hace hoy una semana en la residencia de Amandi.
Se fue un miércoles, día de mercáu en la Villa, una cita semanal a la que no solía faltar. Y se fue en plena crisis del virus, que aunque no tuvo que ver con su muerte, sí impidió el funeral multitudinario que le habría gustado, no en vano él asistía a todos los entierros de los alrededores y más allá. Yo, sin embargo, procuro eludir las bodas, los bautizos, las primeras comuniones, y más, los entierros, con lo cual, para mí, la intimidad que vivimos en su despedida, fue un regalo. Ni mi mi hermana Conchita ni yo pudimos acompañarle en su última semana de vida por las restricciones sanitarias del momento, pero sí estuvo arropado por el equipo de trabajo de Amandi (en su mayoría mujeres), a las que siempre admiré, y a las que aplaudo hoy por su estoicismo.
No me gusta el culto a los muertos, procuro poner las flores en vida, pero a mi padre le debo estas líneas de agradecimiento. Secundó mi propuesta de estudiar el bachiller y gracias a eso pude llegar a la Universidad, pero la principal enseñanza, la universidad de la vida, como la llama mi amigo el cura Ernesto Bustio, ésa me la enseñaron mis padres desde mi más tierna infancia en Priesca. De ellos aprendí el amor al trabajo y también me inculcaron el tesón para hacer frente a las contrariedades y a los momentos de desaliento. A los nueve años, cuando me fui a estudiar, ya sabía cocinar; barrer; lavar a mano; planchar; limpiar; coser; cavar; sembrar; sallar; segar; ordeñar; cortar leña y recolectar manzanes, fabes, castañes, maíz o patates. Era una economía autosuficiente, casi de trueque, y para sobrevivir había que saber un poco de muchas cosas.
Reconozco que fui una niña trabajadora, y me enorgullezco de ello, pero no puedo olvidar que en esos años también me enseñaron a jugar. Aún saboreo aquellos juegos al escondite, la comba, el cascayu con las niñas de La Vega de Priesca y con mi madre, que se divertía tanto como nosotras. Era ella la que nos llevaba a la playa cuando se acababa la faena de la hierba; al cine algún fin de semana y la que nos acompañaba los domingos a la carretera, a ver pasar coches. ¡Sí, a mediados de los sesenta ver pasar coches era una diversión!
                                        Foto. J. Arrojo
Estos días hablé con gente que recuerda la alegría innata de mi padre, también de mi madre. Sé que tenía cercanía con sus vecinos y parientes; que contaba con mucha gente conocida, pero como amigos identifico a cinco, todos de Selorio: don José, el párroco que organizaba las excursiones con las que recorrieron toda España, con incursiones en Francia y Portugal; Mary Flor y Daniel, de Lerón, con los que congeniaron de maravilla a pesar de la diferencia de edad; y David y Otilia, con los que salían a cenar muchos fines de semana.
Papi, sé que te contradije en varias decisiones claves de mi vida: a los diecisiete años cuando fui a trabajar los fines de semana a un restaurante de Quintes;  a los diecinueve, cuando aproveché un año de transición para ir a cuidar niños a Nantes (Francia), quería aprender el francés que no me enseñaron las monjas en siete años de bachiller; y a los veinte, cuando me fui a Madrid a estudiar Periodismo. Pero también sé que con el tiempo me diste el visto bueno a cada una de ellas.
Y hay dos cosas que, afortunadamente, no te copié: tu gusto por el tabaco y la sidra, aunque ahora mismo me gustaría brindar contigo, allá donde estés, con un culín y decirte que ¡te quiero! 


martes, 17 de diciembre de 2019

Una aldeana por el mundo

Isolina Cueli
Con este título tan llamativo, Una aldeana por el mundo, participé el pasado fin de semana en la I Jornada de Igualdad del Parque Natural de Redes, organizada por los ayuntamientos de Caso y Sobrescobio e impulsada por sus concejalas de Servicios Sociales e Igualdad, Pilar Ruiz y Berta Suárez respectivamente.
Me precedió en el uso de la palabra Emma González, profesora de la Universidad de Oviedo, quien nos contó que "los chicos también lloran" y que la sociedad patriarcal en la que vivimos es muy exigente con el sexo masculino.
Centro de Interpretación Parque de Redes (Caso).
Para quitar hierro al tema de la igualdad, el maltrato a las mujeres y la ansiedad que supone en la sociedad actual ser hombre y no morirse en el intento, a los vecinos y vecinas de Casu y Sobrescobio que tuvieron la amabilidad de asistir les conté mi vida por el mundo, al más puro estilo Paco Martínez Soria. Con un poco de humor traté de recordar lo duro que fue, en el Oviedo de la tontería, ser una niña paleta, un apelativo más denigrante que el de aldeana. Afortunadamente, las tontas se bajaron de la parra, o las bajó la cruda realidad, mientras, yo puedo alardear de mis orígenes aldeanos y campesinos. Criarse en el medio rural es una Universidad de la Vida y para la vida, que tiene múltiples aplicaciones. La pena es que los niños de ahora ya son casi todos urbanitas. Pocos saben andar por el barro.
Aproveché para sugerir a las concejalas que le pidan a la Real Academia Española que revise la definición de la palabra aldeano. En la acepción figurativa se refiere a persona inculta y rústica. Y aldeanismo lo describe como "estrechez y tosquedad de espíritu o de costumbres, propia de una sociedad reducida y aislada".
Por mi parte, aproveché para recordar la definición de Aldea Global desarrollada por el filósofo canadiense Marshall Mcluhan (1911-1980), que ya en los años setenta consideraba a la Tierra como un pueblo grande, sólo por el hecho de tener muy desarrollados los medios de comunicación tradicionales. Cincuenta años después, con las redes sociales y todas las nuevas tecnologías, ya no somos aldea, la Tierra es un patio de vecindad, y pequeño. Este concepto lo nombró nuestro filósofo Juan Cueto (1942-2019) con la palabra: glocal, que aglutina lo global y lo local.
Y yo, que soy de Priesca, no tengo nada más que añadir, salvo decirle a la RAE que no sea corta de miras ni inculta y dignifique la definición de aldeano-aldeana y, por supuesto, la de aldeanismo.
Los de pueblo sabemos que no hay nada más aldeano, en el sentido de inculto, que un urbanita caminando por una caleya.

jueves, 13 de diciembre de 2018

García Laviana: 40 años sin el misionero y guerrillero asturiano


Isolina Cueli
Amigos y amigas de la Asociación Asturiana Gaspar García Laviana, señoras y señores,
Muchas gracias por contar conmigo para este acto en homenaje y recuerdo al misionero y guerrillero asturiano Gaspar García Laviana con motivo del cuadragésimo aniversario de su muerte.
Hace veinte años, por estas fechas, yo estaba en Nicaragua, enviada por La Voz de Asturias, que dirigía Faustino F. Álvarez,

para hacer un reportaje, coincidiendo con el vigésimo aniversario de la muerte de Gaspar. Tengo que decir, antes de nada, que hasta ese momento, desconocía la historia de García Laviana. Llegué a él gracias a José Manuel Bárcena, un cura de Infiesto, radicado en Gijón, que muchos de ustedes conocerán y que fue un sandinista y guerrillero en la retaguardia sin salir de Gijón, una posición muy importante y poco agradecida, por aquello de estar en segundo plano, que no todo el mundo sabe ocupar. Bárcena la ejercía con naturalidad y en Nicaragua aún se acuerdan de él, aunque no sepan su nombre, como pude comprobar éste verano, cuando conocí al cardiólogo nicaragüense Daniel Rivas Bravo. Me hablaba con admiración de un padre asturiano que les había ayudado mucho. Después de varias conjeturas, averigüé que el padre era Bárcena.
Ya sé que no estamos aquí para hablar de Bárcena, pero si no hubiese sido por él, yo no estaría hoy en este acto. Su mensaje de dar voz a los sin voz tenía mucho calado y como periodista, procuré colaborar en ésa causa las veces que me lo pidió. Hoy casi todo el mundo tiene un altavoz en su bolsillo en forma de teléfono móvil, con acceso a las redes sociales. Pero hasta principios del siglo XXI eso era distinto. Salir en el periódico, en la radio o la televisión era cosa de unos pocos. Bárcena lo sabía y por eso intentó tener su periódico, aunque no le salió bien.
Como curas, Bárcena y Gaspar eran privilegiados porque podían utilizar el púlpito. Para un misionero el púlpito suponía un medio de difusión muy importante, pero Gaspar intuía que las palabras no eran suficientes ni convincentess y que los mensajes bíblicos se quedaban cojos y cortos sin hechos que les acompañasen. Hechos en forma de escuelas, maestros, medicinas, tierras. Y en un momento dado de impotencia optó por la revolución. Así lo cuenta en muchos de sus poemas dedicados a los campesinos:
"Sentí en mi carne tu pobreza como un látigo de fuego.
Quise apagar tu pobreza con justicia legalista;
al no poder, me convertí en guerrillero.
Campesino, abrasaste mis entrañas
como lava derretida en el seno de la tierra.
Quiero consumir el mundo
con los versos encendidos que me inspira tu pobreza".
Lo que sigue en su periplo vital, lo saben ustedes mejor que yo.
De todas formas, quiero recordar las palabras que le dedica Sergio Ramírez en su libro "Adiós muchachos":
"El ejemplo de compromiso armado de un cura con la revolución sandinista lo dio Gaspar García Laviana, misionero de la orden del Sagrado Corazón y párroco del pequeño pueblo de Tola, muerto en combate en el Frente Sur en 1978. Gaspar, un asturiano con vigor de minero, nacido en San Martín del Rey Aurelio en 1941, tenía las crenchas entrecanas y las cejas pobladas, y una barba rebelde que a pesar de la cuchilla siempre le estaba creciendo otra vez. Poeta, además, y capaz de los juramentos más irreverentes.
En alguna de las oficinas del búnker de Somoza encontramos a la hora del triunfo las fotografías a colores de su cadáver tirado sobre la hierba. Tomadas de diferentes ángulos, lo muestran vestido de verde olivo, la pañoleta rojinegra al cuello, toda la mitad del rostro un enorme boquete abierto por la bala de alto calibre; y volví a ver esas fotos hace poco, con la misma zozobra, cuando me pidieron cosas suyas para una exposición en su honor en Gijón, con motivo de la Semana Negra.
Gaspar, a quien llamábamos El Buda, apareció en San José a finales de 1977. Se había despedido ya de los feligreses de su parroquia, y esa Navidad iba a dirigir una carta pública explicando su entrega a la lucha armada, que Humberto Ortega me pidió preparar. Yo me esmeré en escribirla en un lenguaje evangélico, porque tenía que sonar como la carta de un verdadero cura. Se la leí, sentados los dos en un catre del refugio de Humberto, y se quedó callado, con la cabeza hundida entre las manos; luego se sacó tímidamente de la bolsa unas hojas apretadamente escritas; vaciló, y las volvió a guardar:
No es nada importante —dijo al fin—. Yo había escrito otra. Yo también soy escritor.
Azorado, le pedí que nos olvidáramos de mi proyecto de carta, era el suyo el que importaba, pero él se negó de manera rotunda. Y se publicó la mía. Pero él era escritor, un poeta".
Creo que esta escena, que tuvo que ser brutal, fue una primera lección de humildad por parte del Gaspar guerrillero.
El texto de Ramírez continúa diciendo que: "Gaspar fue un símbolo para decenas de sacerdotes, misioneros, religiosas, diáconos y delegados de la palabra que predicaron la revolución, trabajaron en apoyo de los guerrilleros sandinistas en los barrios y en las áreas rurales, transportaron armas, aseguraron refugios clandestinos y fueron a veces combatientes ellos mismos. Un símbolo que se amplió a miles de laicos, católicos y evangélicos, ansiosos a la hora del triunfo de trabajar por el advenimiento de una nueva sociedad y de un hombre nuevo, en una lectura de la historia que hacían juntos cristianos y marxistas".
Y esto que describe muy bien Ramírez no es otra cosa que la Teología de la Liberación, inventada en América Latina y llevada a la práctica al pie de la letra, en este caso, en Nicaragua.
Y aquí me gustaría acordarme de varios misioneros de la época, que no se echaron al monte, pero que también trabajaron y dieron lo mejor de su vida por Nicaragua. Me refiero al dominico de Aller, José Álvarez Lobo, Chepe Lobo, en Chinandega; el también dominico leonés Gregorio Barreales, director de la Escuela de Agricultura de Rivas, un puesto de vital importancia para el desarrollo del país. Se trata de un centro de formación en el que se formaron y se siguen formando muchos jóvenes que apuestan por el campo. El asturiano de Priesca, en Villaviciosa, Ángel Torrellas, que puso su saber como músico a disposición de varias generaciones. Me reservo para el final el trabajo del claretiano, también de Villaviciosa, Mino Cerezo Barredo, autor de la portada del libro editado este año por el Foro Gaspar García Laviana y autor, en ése mismo libro, de un artículo que titula: En la Revolución de Nicaragua. Mino, que había ido a Managua como misionero, convocado por su compañero de orden, Teófilo Cabestrero, para apoyar a los cristianos que participaron en la revolución, acabó poniendo en marcha, a instancias del Gobierno Revolucionario, el Departamento de Diseño de la Editorial Nueva Nicaragua, un instrumento clave para divulgar la propaganda del poder recién establecido.
Hay otro asturiano que también contribuyó al primer éxito de la causa sandinista y que hoy se siente defraudado, me refiero al periodista Zoilo Gutiérrez Martínez de la Vega, natural de Turón, en Mieres, y fundador de Acan, Agencia Centroamericana de Noticias, vinculada a la Agencia Efe. Con la perspectiva que le dan los cuarenta años transcurridos, para Zoilo Gutiérrez la de Gaspar fue una muerte inútil. Pero en su momento, no dudó en poner su grano de arena a través de Acan. Este medio de comunicación puso en el mapa de la información a América Central y como tal, fue muy importante para el movimiento sandinista y muy perjudicial para el dictador Somoza, que llegó a decir que a él no lo habían derrotado los sandinistas, sino Acan.
Cuando se escuchan noticias sobre la situación política y social de la Nicaragua de hoy muchas personas se preguntan y me preguntan, qué pensaría Gaspar de la deriva que tomó el sandinismo. Yo no puedo contestar esa pregunta. Es difícil saber la evolución de Gaspar en cuatro décadas, así que la dejo a elección de cada uno de ustedes.
Por mucho que yo diga aquí, por mucho que denuncie, sé que no voy a arreglar nada en Nicaragua, así que permitanme que pase por alto la situación política actual. No porque no tenga opinión, sino porque no quiero polemizar. Me consta que hay distintas opiniones y distintas formas de interpretar la realidad y las respeto.
Me preguntaba Javiera hace unos días cómo podíamos incorporar el mensaje de Gaspar a la realidad de cada uno de nosotros, hombres y mujeres. Y se me vinieron a la cabeza dos puntos débiles de Gaspar que están de plena actualidad: la defensa a ultranza de las mujeres, aquellas que sufrían violencia dentro del matrimonio y las niñas y jóvenes obligadas a prostituirse por la Guardia de Somoza. Mujeres y hombres podemos seguir hoy ese ejemplo, tanto para prevenir, como para denunciar casos de abuso y maltrato.
El otro punto débil de Gaspar era la defensa de los campesinos y de la naturaleza, hoy sería la defensa del medio ambiente, que no es otra cosa que la defensa de nuestra civilización. Somos tan torpes que nos vamos a fagocitar nosotros mismos. No vemos límites, no hay setu que nos torne en destrucción y consumismo atolondrado.
En este sentido, sí me aventuro a decir que si Gaspar viviese hoy, con 78 años y en plenas facultades mentales, estaría clamando por la defensa del medio ambiente y si estuviese en Nicaragua sería un firme opositor a la construcción del canal interoceánico que destrozaría el lago Cocibolca, "el lago más bello del mundo", como dijo en más de una ocasión, según lo cuenta Ernesto Cardenal en su libro "La revolución perdida", en el que describe al misionero-guerrillero asturiano como "hombre de oración y a la vez hombre de armas", una postura que puede resultar chocante, pero que fue su opción y no podemos menos que respetarla, aunque no se comparta.
Como defensor, que fue, de los campesinos, de los marginados, -su lema era: primero la dignidad humana, después el compromiso cristiano- Gaspar estaría luchando codo a codo con Francisca Ramírez, la líder campesina nacida en Nueva Guinea en 1977 –un año antes de la muerte de Gaspar- y que coordina el Consejo para la defensa de la tierra, el lago y la soberanía. Francisca está hoy exiliada en Costa Rica, tras recibir amenazas por oponerse al canal que levantaría una empresa china. Una obra que destruiría parte del río San Juan y el lago Cocibolca, de 8.000 kilómetros cuadrados. Asturias tiene 10.000 kilómetros cuadrados, así que es fácil hacerse a la idea de las dimensiones de esta reserva de agua dulce, de gran importancia para Nicaragua y su entorno. A Francisca Ramírez y su familia, oponerse a la iniciativa de los Ortega, les costó el exilio, pero gracias a su tesón, éste desastre ecológico, ha sido descartado. De momento!.
En honor a los actuales dirigentes y defensores del canal, hay que decir que no es la primera vez que se intenta el proyecto por tierras de Nicaragua, pero afortunadamente, el sentido común se impone a las fantasías faraónicas.
El agua ya es un bien escaso y lo será cada vez más. Nicaragua tiene la suerte de tener el lago Cocibolca, la mar dulce, como se le llama también, en el que está la isla de Ometepe, a la que llega ayuda de cooperación desde Asturias, a través de organizaciones como Arco Iris.
Digo que Gaspar sería hoy un defensor de la naturaleza, pero si estuviese en Nicaragua lo sería por partida doble, porque el desastre del lago afectaría muy de cerca a sus parroquias, en el área de Rivas y San Juan del Sur. Y como defensor de la naturaleza se opondría a la destrucción del sustento de los campesinos y por extensión de todo el país. Un país que tiene una agricultura solvente no puede pasar hambre. Y un país que tiene una naturaleza exhuberante como Nicaragua y una ubicación estratégica entre el Caribe y el Pacífico, también puede ser un reclamo turístico, como ya lo está siendo, o también se pueden buscar otras vías de desarrollo en armonía con la naturaleza, como se puede ver en Costa Rica, su vecino del Sur. Una de las primeras cosas que hizo Gaspar al llegar a la misión en Nicaragua fue integrarse en la Pastoral Rural que ya funcionaba en el país, y en la que ya había misoneros asturianos, como el dominico José Álvarez Lobo, chepe Lobo, que trabajaba en Chinandega.
Me resulta chocante que líderes de izquierda que reniegan de la política liberal de los Estados Unidos no le pongan ni un pero a la iniciativa china, que ejerce un capitalismo tan agresivo como el yanky. Lo pude comprobar en Bolivia, en el año 2016 y en Etiopía y Malawi en 2017. En América siguen renegando del imperialismo español y no hacen ascos al imperio chino del siglo XXI.
En el caso de Nicaragua, los actuales gobernantes aprobaron un ley que da carta blanca a los chinos para hacer el canal interoceánico, más una autopista paralela y urbanizaciones en ambas márgenes, más dos puertos deportivos en las cabeceras. Todo esto que puede parecer muy goloso y que se vende como un activo de puestos de trabajo, es pan para hoy y mucha hambre y sed para mañana, porque la intervención en el lago alteraría el ecosistema y las reservas de agua, tanto para la agricultura, como para consumo humano.
Me consta que la Asociación Asturiana Gaspar García Laviana consigue financiación para proyectos de Cooperación en Nicaragua. En un país como Nicaragua con un clima muy propicio para la agricultura y la ganadería, es importante asesorarles con métodos de almacenamiento del agua. El sol lo tienen garantizado. La clave está en que tengan agua para riego todo el año y eso se puede conseguir con balsas u otros sistemas de almacenaje, como vemos por el Sur de España. En un país con sol y agua no puede o no debe haber miseria.
Hace veinte años le hice una entrevista a Edén Pastora, el Comandante Cero, que va y viene al sandinismo de manera cíclica. En ésa época estaba alejado de la causa.
Ante la pregunta ¿Qué necesita Nicaragua para salir adelante? Me contestó: "Si yo fuera presidente me volcaría en el campo. Invertiría muy fuerte en hacer producir lo único que tenemos: la tierra. Hay que meter dinero en el campo. Somos un país eminentemente agrícola. Si el campesino produce y tiene dinero se moverá todo el país, el comercio, la industria, etc. Pero si se fomenta la miseria del campo nunca saldremos de la miseria. Gaspar y mucha más gente dieron su vida por ayudar a los campesinos a salir de la miseria a la que les tenía condenados Somoza. Ese ideal aún no se consiguió".
Estas declaraciones son de hace 20 años y creo que a día de hoy tampoco se consiguió el ideal de Gaspar.
Cuanto más viajo y más lugares conozco en países menos desarrollados que nosotros, compruebo que la miseria de unos es muy rentable para otros y por eso no interesa que abandonen esa franja de necesidades y penurias.
Y las guerras y las revoluciones también son muy rentables para algunos, mientras otros se dejan la vida. Hace años, hablaba con Cayo Rodríguez Ponga, un langreano nacido en 1912 que se murió con 102 años, sobre una conocida familia de Gijón. Cayo me decía, ésa es una fortuna de la Primera Guerra mundial. Me quedé atónita al escuchar esas palabras tan crudas, pero las decía un hombre casi centenario que lo había visto y sufrido casi todo. Y sí, mientras se mueren miles o millones de Gaspar, fieles a unos ideales, se enriquecen cuatro que no tienen escrúpulos a la hora de pasar por alto o pisotear la esencia de esos ideales.
El ex jesuita bilbaino José Antonio San Ginés, "Goyo" en la guerrilla, que conoció de cerca a Gaspar, me decía hace 20 años, en el reportaje que hice en Nicaragua, que "morir por una causa idealista merece la pena, otra cosa es que cuatro jodidos se hayan enriquecido por ello".
Para terminar, quiero rendir aquí un homenaje a Gaspar y a todos los Gaspar del mundo, no sólo a los de Nicaragua. A todos los que se jugaron la vida por una causa noble, por un ideal que se suponía mejoraría la vida de mucha gente humilde.
Mucho mejor que yo lo expresa Sergio Ramírez en su libro "Adiós muchachos" en el que dice, refiriéndose a los guerrilleros que llegaron al poder en Nicaragua: "la obligación de los vivos era ajustar su conducta a la de los muertos, recordar que estábamos en el poder porque ellos se habían sacrificado, porque habían asumido la muerte como una tarea. Había que recordarlo siempre, como lo escribió Ernesto Cardenal en un poema".
Ése poema de Ernesto Cardenal al que se refiere Sergio Ramírez, dice:
Cuando te aplauden al subir a la tribuna,
pensá en los que murieron.
Cuando te llegan a encontrar al aeropuerto
en la gran ciudad,
pensá en los que murieron.
Cuando te toca a vos el micrófono, te enfoca la televisión,
pensá en los que murieron.
Mirálos sin camisa, arrastrados,
echando sangre, con capucha, reventados,
refundidos en las pilas, con la picana, el ojo sacado,
degollados, acribillados,
botados al borde de la carretera,
en hoyos que ellos cavaron,
en fosas comunes,
o simplemente sobre la tierra, abono de plantas
de monte:
Vos los representás a ellos,
ellos delegaron en vos,
los que murieron.
Gracias y buen camino a todas y todos!




martes, 30 de octubre de 2018

Mino Cerezo, pintor de la liberación


Á. Valle, Mino Cerezo, I. Cueli, A. Vega y de pie, E. Bustio. 
El 27 de octubre tuvo lugar la presentación del Cuaderno número 29 de Cubera, dedicado al misionero y muralista Mino Cerezo Barredo, en el que colaboré de forma activa, haciéndome cargo del texto biográfico.
A continuación reproduzco las palabras que pronuncié en el acto, celebrado en el Teatro Riera de Villaviciosa.

Señor alcalde, Mino, presidente de Cubera, autoridades, señoras y señores, amigos y amigas.
Muchas gracias por arroparnos en este acto. Cubera da un paso más para visibilizar a Mino Cerezo en la Villa, donde nació hace 86 años, aunque no los aparente.
Tengo que confesar que hasta hace dos años desconocía la existencia de Mino Cerezo, incluso de su hermano Gonzalo Cerezo, más popular en la villa.
En el otoño de 2016, tuve la primera noticia de Maximino Cerezo Barredo. Mi amiga Ana Gaitero, periodista del Diario de León, le hizo una entrevista con motivo de la inauguración del retablo que acababa de realizar para la parroquia de San Antonio de Padua, atendiendo al encargo del párroco, el salesiano Juanjo Ruiz, presente en este acto y al que agradezco el esfuerzo por venir desde León.
En ésa entrevista Mino dijo que era de Villaviciosa y a Ana le faltó tiempo para enviarme el texto.
A partir de ahí se fueron dando situaciones curiosas: que yo se lo haya comentado a Etelvino González, en ése momento presidente de Cubera, quien rápidamente dijo que un autor internacional y desconocido en la Villa, bien merecía que se le prestara atención. Y aquí estamos, con Mino en el barrio de El Ancho, donde nació y al lado del colegio de San Francisco y de las monjas vedrunas como él las llama, donde cursó sus primeros estudios. Tampoco está lejos la iglesia parroquial, en la que permanece el impresionante mural de Paulino Vicente. Una anunciación en tonos azules que Mino Cerezo vio pintar y que quedaría impresa en su retina para toda la vida. Y según sus propias palabras, aquel Paulino Vicente, pintor subido al andamio, tuvo mucho que ver en su posterior vocación pictórica.
El trabajo realizado en el cuaderno número 29 de Cubera, y que hoy ve la luz, es sólo una aproximación a la obra de Mino Cerezo Barredo. Necesitaríamos muchos más cuadernos para recoger todo su quehacer como pintor y muralista. Aquí mostramos 170 imágenes de murales, cuadros e ilustraciones de Mino, pero hay miles, repartidos por diecisiete países. No obstante, creo que puede servir como acercamiento a su obra.
Vega entrega  a Mino una reproducción del cartel de Reyes.
Sus murales han sido objeto de estudios y publicaciones en diferentes formatos. Sus dibujos e ilustraciones se reeditan y se copian en todas las versiones imaginables, desde una estampa, a la pancarta que encabeza una manifestación reivindicativa. Es un campo inabarcable si se quiere hacer de una vez, por eso nuestra intención es hacer visible a Mino en la Villa y después cada cual puede profundizar para llegar al pintor muralista, al teólogo de la liberación, que nos deja una importante crónica de la realidad que le tocó vivir y al Mino de cercanía, al que le encanta hablar en bable y rememorar su infancia, cuando jugaba por El Ancho.
Desde los años noventa tengo pendiente un recorrido por el periplo vital de San Melchor de Quirós en Vietnam. Ahora añado otro reto: conocer in situ los murales de Mino Cerezo. Es una forma de viajar muy distinta, un pretexto insólito, que me llevaría a América del Sur y América Central a conocer los países, paisajes y paisanajes a los que Mino entregó gran parte de su vida activa. Muchos de esos países, por los que Mino sufrió y sufre, como Nicaragua, Brasil, Argentina,Venezuela, Bolivia, Colombia o Guatemala tienen hoy problemas domésticos, según nos cuentan en las noticias, bueno, problemas domésticos e internacionales, como es el caso de la caravana del Hambre, que afecta a varios países. La verdad es que este nombre de la caravana me chirría, pero espero que nadie pronuncie en vano la palabra HAMBRE. Vamos a ser optimistas y apostar, una vez más, para que siga germinando la semilla que sembraron todos los teólogos de la liberación y los misioneros de buena fe, hombres y mujeres que entregaron su vida a enseñar al que no sabe y aquí entra enseñar a cultivar los campos para tener más comida, enseñar a leer y escribir para que no les engañen o enseñar normas elementales de higiene para prevenir enfermedades. Lo de la religión, por lo general, viene después. Y espero que con el tiempo lleguen otras cosas, acordes con los tiempos.
Mino realizaba casi todas las enseñanzas a través de la pintura y hacía buena la frase de que una imagen vale más que mil palabras, especialmente si los destinatarios son analfabetos, como era el caso de muchas de las personas que vivían en las comunidades en las que trabajó.
Todos sabemos que a los misioneros y misioneras les salió en las últimas décadas una competencia sana, la de la Cooperación Internacional y las ONGs, y a pesar de todos esos esfuerzos personales y económicos por parte de los países más desarrollados, seguimos pidiendo para combatir el hambre, como cuando yo iba a la escuela de Priesca. Y me paro aquí, que no es el momento ni el lugar para arreglar el mundo!
Aunque, al hilo de este comentario, sí me gustaría recordar que en 2018 se cumplen cuarenta años de la muerte en Nicaragua del misionero asturiano Gaspar García Laviana. Según sus palabras, la impotencia lo llevó a empuñar las armas y echarse al monte con los revolucionarios sandinistas. Sabiendo lo que sabemos hoy, no sé si mereció la pena su muerte.
Por esas mismas fechas, Mino también estaba en América y sus armas eran los pinceles y las brochas; las imprentas y las multicopistas. Aunque en más de una ocasión también pasó a la acción y encabezó reivindicaciones de los campesinos brasileños o peruanos.
Y si sus pinturas y dibujos sirvieron para ayudar a la gente en América, en estos últimos meses, mientras preparaba el texto del Cuaderno de Cubera pude descubrir que Mino sigue tocando el corazón de las personas, incluso, a este lado del Atlántico, y su mensaje está vivo. Un mensaje que se resume en aplicar las bienaventuranzas del evangelio, aquello de dar de comer al hambriento, de beber al sediento, posada al peregrino, etc. Y para eso no hace falta ser creyente, ni ser practicante de ninguna religión, sólo hace falta ser buenas personas.
El impacto en los corazones de quienes se acercan a su pintura lo pude comprobar el pasado mes de mayo en el albergue de peregrinos de Güemes, en Cantabria. En el año 2012 Mino pintó un mural en la Ermita Ecuménica de Güemes. Sí, tenía 80 años, y estaba subido en el andamio. Desde entonces, Mino está presenta de forma continua en ese espacio mágico. Cada día se comentan sus pinturas con los peregrinos (este año pasaron por allí 12.000) y hay reacciones tan distintas como personas interactúan con la obra.
 Cerezo con J. Ruiz y sus colaboradoras de Asturias
Aprovecho para dar las gracias a la delegación de Güemes, integrada por treinta personas, que se desplazaron a la Villa para asistir a este acto. Reitero las gracias al sacerdote salesiano Juanjo Ruiz  y a su equipo de colaboradoras asturianas:  Marga Domínguez, Berta Gómez, Miryan Ortega, Emma Ortega, Josefina Arbesú y Carmen Arbesú (foto superior). Por supuesto, muchas gracias también a todos los demás presentes por vuestra respuesta a nuestra convocatoria.
Gracias al ayuntamiento de Villaviciosa en la persona del señor alcalde, Don Alejandro Vega, que amplía la edición de Cubera con el monográfico sobre Mino Cerezo, y permite dar mayor difusión a la obra.
Me encantaría que Cubera pudiese liberar esta publicación, dedicada exclusivamente a sus socios, y la dejara en abierto, a disposición de todas las personas interesadas, de la misma forma que está la obra de Mino Cerezo.
A mí, que soy partidaria de hacer los homenajes en vivo y en directo, me encanta poder participar en este reconocimiento público a Cerezo Barredo, que como pintor nos enseña a mirar un poco más allá de la realidad, más allá de nuestras narices.
Gracias a Cubera, en un primer momento Etelvino González, como presidente, y ahora Ángel Valle, por darme la oportunidad de participar en el Cuaderno y gracias a Mino por su colaboración y su paciencia para responder a mis preguntas y dudas.
Y como ye uno de los nuestros, me alegro de sus éxitos y, por supuesto, como peregrino de la vida, como dirían en Güemes, le deseo Buen Camino de la Vida, al igual que a todos ustedes. 
Buen Camino!





miércoles, 6 de diciembre de 2017

Manzana asgaya

Isolina Cueli
Asgaya es una palabra bable que nos indica la gran cantidad de manzana que hubo este año, gracias a las buenas condiciones del clima.
Y lo que tendría que ser motivo de júbilo se convierte en pesadilla para muchos cosecheros de manzana que se ponen nerviosos porque creen que no van a poder vender tantos kilos, una cantinela que se repite desde hace muchos años por falta de profesionalidad en el sector. El ejemplo más claro es el de la vecería o alternancia en la producción. Este año hay mucha manzana y al siguiente menos de la mitad. En el año 87 entrevisté en Siero a Claudio García, que había eliminado la vecería en su pomarada gracias a una buena poda anual, al constante abonado, además de un tratamiento con aminoácidos de síntesis en el terreno. La solución está al alcance de todos, pero requiere trabajo e inversiones y eso ya es más difícil de aplicar por el sistema endémico del cultivo de la manzana en Asturias, donde se deja a los árboles a su aire.
Siempre defendí a la gente del campo, pero en el caso de la manzana y la sidra, creo que tan de campo es quien cosecha la manzana, como quien la transforma. Ambos se complementan. Y así lo pude comprobar en el Concurso Exposición de Manzana que se celebró en Villaviciosa este año. No hace falta agudizar mucho la vista para comprobar cómo los lagareros y las empresas están haciendo sus propias pomaradas, dando ejemplo de profesionalidad y ganando premios por su buen hacer. Así, van marcando la senda por la que tiene que avanzar la manera de cosechar manzanas. Y al igual que las bodegas de vino están en medio de un viñedo, cada día es más fácil ver las pomaradas que se extienden alrededor de las naves de la industria transformadora. Está claro que los lagares y las fábricas nunca van a ser auto suficientes, pero lo intentan y me parece muy bien.
Hace treinta años ya se apostaba por la puesta en marcha de contratos entre lagareros y cosecheros como los que existían en el País Vasco. Es una buena solución para ambas partes, un ten con ten difícil de aplicar en Asturias, mientras no se controle la vecería.
Y la vecería sólo la puede cambiar el dueño de la pomarada. En las movilizaciones de las últimas semanas se pedía auxilio a los políticos para que solucionen el problema y los políticos sólo saben crear organismos y burocracia. Hasta el momento, fueron incapaces de hacer una buena campaña formativa e informativa para acabar con la vecería. Ahora les dio por fomentar la manzana de sidra y se abandonó por completo la manzana de mesa, en la que Asturias fue pionera. Sólo tenemos que ir a una frutería, más grande o más pequeña, y el panorama es desolador. Podemos elegir entre manzana francesa, italiana, catalana, pero apenas se ve una caja de manzana asturiana, y eso que estamos en plena temporada. Teníamos una manzana única por su sabor y presentación: la de mingán. Podíamos exportar asgaya de manzana de mingán o de reineta canadá y sacarle un buen valor añadido, pero nos conformamos con ver el brillo y los colorinos de las que nos llegan de fuera que, encima, no saben a nada.
Es posible que el siguiente problema venga por los jornales del campo. En el Sur ya se dio la voz de alarma por la falta de mano de obra recolectora -el año pasado quedaron 200.000 kilos de albaricoque sin recoger- a pesar de que es más cómodo quitar la fruta del árbol, que pañarla en el suelo, como pasa con las manzanas de sidra. Parece que los españoles no estamos por la labor de doblar el espinazo. En Asturias, los inmigrantes ya dominan claramente dos apartados relacionados con el sector de la manzana: en el campo participan en la recolección de forma masiva y en los concursos de escanciadores, son los líderes del podium. El reciente campeón de Asturias de escanciadores se llama Salvadór Ondó. Es de Guinea Ecuatorial y trabaja en la sidrería El Mallu, de Gijón.
Preparativos de un contingente de manzana para enviar a el País Vasco.
Un año más, la cosecha salió adelante. Hay que reconocer el esfuerzo de las fábricas y los llagares asturianos para atender tanta oferta. Muchos excedentes también se fueron para el País Vasco y más allá. Estamos en un mundo global, o glocal, como diría Juan Cueto, y, para muestra, basta una pumarada.
¡Buen camino!